23 Mayo 2002 Seguir en 
BAKU.- El papa Juan Pablo II llegó ayer a Azerbaidjan mostrando claros signos de deterioro de su salud, pese a lo cual prometió que luchará por la paz hasta el fin, aventando especulaciones respecto de su renuncia. "Mientras quede aliento dentro de mí, clamaré por la paz en nombre de Dios", dijo a su llegada a Bakú, capital de este país mayoritariamente musulmán, con una minúscula comunidad católica -120 fieles-, en un viaje de cinco días que también lo llevará a Bulgaria en esta gira, la número 96.
Signos preocupantes
La fragilidad del Papa, quien cumplió 82 años el sábado, fue evidente cuando llegó a la capital azerí. Por primera vez en 23 años necesitó de una plataforma móvil, cubierta con una alfombra para descender del avión. Después fue transportado de pie en otra plataforma sobre ruedas al otro lado de la aeronave, donde leyó sólo una parte de su discurso en ruso. El resto fue leído por un sacerdote, aparentemente para conservar su energía. La salud del Papa ha originado especulaciones de que podría renunciar, circunstancia que se produciría por primera vez después de 700 años. Su condición pareció deteriorarse repentinamente la semana pasada. Su cabeza se ladea, sus músculos faciales están rígidos, lo que le da a su rostro el aspecto de una máscara. Tiene dificultades para hablar y respirar.
En las dos primeras actividades de su programa en Bakú sólo caminó algunos pasos. Incluso en el palacio presidencial, fue transportado sobre plataformas móviles con pasamanos.
Tanto Azerbaidjan como Bulgaria tienen pequeñas comunidades católicas. El Vaticano no tiene siquiera una misión diplomática en Bakú, lo que obligó al Papa a hospedarse en un hotel, por primera vez en todos sus viajes al extranjero. (Reuter)
Signos preocupantes
La fragilidad del Papa, quien cumplió 82 años el sábado, fue evidente cuando llegó a la capital azerí. Por primera vez en 23 años necesitó de una plataforma móvil, cubierta con una alfombra para descender del avión. Después fue transportado de pie en otra plataforma sobre ruedas al otro lado de la aeronave, donde leyó sólo una parte de su discurso en ruso. El resto fue leído por un sacerdote, aparentemente para conservar su energía. La salud del Papa ha originado especulaciones de que podría renunciar, circunstancia que se produciría por primera vez después de 700 años. Su condición pareció deteriorarse repentinamente la semana pasada. Su cabeza se ladea, sus músculos faciales están rígidos, lo que le da a su rostro el aspecto de una máscara. Tiene dificultades para hablar y respirar.
En las dos primeras actividades de su programa en Bakú sólo caminó algunos pasos. Incluso en el palacio presidencial, fue transportado sobre plataformas móviles con pasamanos.
Tanto Azerbaidjan como Bulgaria tienen pequeñas comunidades católicas. El Vaticano no tiene siquiera una misión diplomática en Bakú, lo que obligó al Papa a hospedarse en un hotel, por primera vez en todos sus viajes al extranjero. (Reuter)







