19 Enero 2004 Seguir en 
En los bancos que operan en Tucumán afirman que este es el año de la vuelta del crédito. En el seno de las entidades se habla de que en los próximos meses los clientes bancarizados comenzarán a recibir todo tipo de propuestas que, palabras más, palabras menos, dirán que la vida no se puede vivir si no es con un préstamo.
Los gerentes y ejecutivos de cuentas hace rato que creen que es hora de dar un vuelco a la situación generada a partir de 2001, cuando la desconfianza en la economía nacional derivó en una corrida bancaria y en la posterior instauración del corralito-corralón.
La posibilidad de que retorne el endeudamiento privado quedó plasmada en un informe difundido días atrás por el Banco Central, que señala que las entidades van a poder hacer crecer este año el stock de créditos en un 20%, es decir, que podrán ganar plata prestándoles dinero a sus clientes.
Una de las medidas que se planea aplicar este año es ofrecerles créditos personales a los empleados que cobran sus sueldos en bancos, a tasas algo más bajas que al público en general. En este caso el riesgo es mínimo, porque las entidades se cobran la cuota antes de acreditarle el sueldo mensual al trabajador.
Un banco con sede en la provincia hizo punta con esta estrategia y ya financia a los empleados del Estado con colocaciones accesibles. Otra entidad también presta dinero a quienes puedan demostrar ingresos mínimos de $ 600.
Un consumo que está totalmente desatendido, y que no es menor, es el de automóviles. Los ejecutivos de los bancos argumentan que el parque automotor está muy deteriorado en Tucumán y que los precios de los cero kilómetro serían accesibles con créditos no a largo plazo, y con tasas fijas.
Los gerentes reconocen que hay un obstáculo. Si bien los precios de los autos y de las casas no crecieron al ritmo del dólar desde que se abandonó la convertibilidad, la devaluación hizo trizas los ingresos de la gente. El problema de la falta de capacidad de pago de los potenciales tomadores de financiación se notará, de acuerdo con los análisis de los gerentes de bancos, en los créditos hipotecarios. Las principales entidades están lanzando líneas para la vivienda, pero a sabiendas de que los precios de las casas subieron mucho más que el poder adquisitivo de la población. Los salarios de la mayoría de los tucumanos están acotados a los consumos cotidianos y se vive al día. Así, es difícil que alguien pueda destinar entre $ 400 y $ 700 por mes, por ejemplo, para pagar una casa. Para comprar una vivienda, los montos a financiar implicarían una cuota que resultaría excesivamente alta, prácticamente impagable para muchos, y a tasas variables, lo cual asusta un poco todavía.
Un hábito en contra
El sector empresario de la provincia necesita créditos a tasas y plazos razonables para reiniciar un proceso de expansión. Pero nadie hoy se corta las venas por dinero bancario. Las empresas, principalmente las exportadoras, aprendieron a sobrellevar sus actividades con sus propios fondos. Muchas compañías lograron sanearse y operan de contado, lo cual es una pésima señal para las entidades que quieren que el crédito vuelva a ser como el oxígeno para vivir.
Aunque los bancos no logren su propósito de reactivar el mercado del crédito en lo inmediato, lo cierto es que la financiación ya no es un tema que obligue a los tucumanos a rememorar los tiempos anteriores a 2001. Todos los comercios venden en cuotas sin interés, apoyados principalmente por las tarjetas de crédito. Y, de a poco, la gente vuelve a acostumbrarse a comprar productos que estaban limitados a clientes que tenían dinero en el colchón.
Los gerentes y ejecutivos de cuentas hace rato que creen que es hora de dar un vuelco a la situación generada a partir de 2001, cuando la desconfianza en la economía nacional derivó en una corrida bancaria y en la posterior instauración del corralito-corralón.
La posibilidad de que retorne el endeudamiento privado quedó plasmada en un informe difundido días atrás por el Banco Central, que señala que las entidades van a poder hacer crecer este año el stock de créditos en un 20%, es decir, que podrán ganar plata prestándoles dinero a sus clientes.
Una de las medidas que se planea aplicar este año es ofrecerles créditos personales a los empleados que cobran sus sueldos en bancos, a tasas algo más bajas que al público en general. En este caso el riesgo es mínimo, porque las entidades se cobran la cuota antes de acreditarle el sueldo mensual al trabajador.
Un banco con sede en la provincia hizo punta con esta estrategia y ya financia a los empleados del Estado con colocaciones accesibles. Otra entidad también presta dinero a quienes puedan demostrar ingresos mínimos de $ 600.
Un consumo que está totalmente desatendido, y que no es menor, es el de automóviles. Los ejecutivos de los bancos argumentan que el parque automotor está muy deteriorado en Tucumán y que los precios de los cero kilómetro serían accesibles con créditos no a largo plazo, y con tasas fijas.
Los gerentes reconocen que hay un obstáculo. Si bien los precios de los autos y de las casas no crecieron al ritmo del dólar desde que se abandonó la convertibilidad, la devaluación hizo trizas los ingresos de la gente. El problema de la falta de capacidad de pago de los potenciales tomadores de financiación se notará, de acuerdo con los análisis de los gerentes de bancos, en los créditos hipotecarios. Las principales entidades están lanzando líneas para la vivienda, pero a sabiendas de que los precios de las casas subieron mucho más que el poder adquisitivo de la población. Los salarios de la mayoría de los tucumanos están acotados a los consumos cotidianos y se vive al día. Así, es difícil que alguien pueda destinar entre $ 400 y $ 700 por mes, por ejemplo, para pagar una casa. Para comprar una vivienda, los montos a financiar implicarían una cuota que resultaría excesivamente alta, prácticamente impagable para muchos, y a tasas variables, lo cual asusta un poco todavía.
Un hábito en contra
El sector empresario de la provincia necesita créditos a tasas y plazos razonables para reiniciar un proceso de expansión. Pero nadie hoy se corta las venas por dinero bancario. Las empresas, principalmente las exportadoras, aprendieron a sobrellevar sus actividades con sus propios fondos. Muchas compañías lograron sanearse y operan de contado, lo cual es una pésima señal para las entidades que quieren que el crédito vuelva a ser como el oxígeno para vivir.
Aunque los bancos no logren su propósito de reactivar el mercado del crédito en lo inmediato, lo cierto es que la financiación ya no es un tema que obligue a los tucumanos a rememorar los tiempos anteriores a 2001. Todos los comercios venden en cuotas sin interés, apoyados principalmente por las tarjetas de crédito. Y, de a poco, la gente vuelve a acostumbrarse a comprar productos que estaban limitados a clientes que tenían dinero en el colchón.







