El ALCA, polémico y progresista

El proyecto en análisis consta de nueve capítulos

19 Enero 2004
Pocas iniciativas en el marco de las relaciones interamericanas han alcanzado un debate tan polémico como la del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) propuesta hace dos años y medio en la reunión de Montreal, donde se resolvió que su institución se formalizaría en Buenos Aires en enero de 2005. El proyecto en análisis consta de nueve capítulos específicos: acceso a los mercados continentales para productos agrícolas e industriales; inversiones; servicios; compras gubernamentales; defensa comercial en lo concerniente a derechos antidumping y compensatorios; propiedad intelectual; política de competencia, y un mecanismo regional para resolver controversias. Razonablemente, la primera reflexión generalizada que suscitó la propuesta con mayor inspiración en los Estados Unidos, Canadá y México, fue acerca de la gran asimetría de las economías convocadas, para organizar una comunidad de gestión entre países con extraordinarias diferencias en sus desarrollos. La experiencia de la Unión Europea, donde las reglas de inclusión tienen como condición ineludible niveles mínimos de capacidad económica entre sus integrantes, fue una referencia muy indicativa sobre la complejidad del intento americano. Por otra parte, mientras las relaciones políticas precedieron con su calidad a la floreciente experiencia europea, tras la guerra más exterminadora de la historia, en nuestro continente el punto de partida es muy diferente.
Esto último ha dado lugar a un contexto de opinión sobre las negociaciones del ALCA, caracterizado por la desconfianza que periódicamente interfiere las relaciones entre países latinoamericanos y Estados Unidos. Ese contexto perturbador, tiene como singularidad la llamativa falta de información sobre el proyecto, al que se asigna un sesgo político que no se advierte en la agenda anteriormente consignada. Por lo pronto, parece desconocerse que durante la última década se suscribió alrededor de 25 acuerdos hemisféricos de orden comercial, entre los cuales figura el del gobierno socialista de Chile con el republicano de Estados Unidos. El crecimiento sustentable, mediante el comercio y la inversión; la gobernabilidad y la seguridad permite crear riqueza y bienestar, lo cual se evidencia en la visible realidad chilena. Por cierto que no es necesario ser experto economista para advertir que la riqueza de las naciones tiene otro de los fundamentos en el flujo y el volumen de sus intercambios comerciales. En ese sentido, el canciller Rafael Bielsa se ha pronunciado por el dinamismo de las relaciones internacionales, afirmando a la vez que, en el caso del ALCA, se pretende la reducción de aranceles con el fin de lograr mayor acceso para los productos nacionales. El punto neurálgico de las negociaciones está planteado, pues, en el logro de condiciones que compensen las asimetrías entre las economías, donde los subsidios a las producciones internas -especialmente en Estados Unidos- son un obstáculo prácticamente al servicio de un pretendido nacionalismo aislacionista fatalmente asociado a décadas atraso. "Si lo que se pretende -expresó el canciller argentino- es un ALCA que contemple nuestros intereses, tenemos que estar en el juego y hacer valer nuestras condiciones". Pero ese empeño de clarificación exige ineludiblemente la participación informativa ante la opinión pública, en gran parte confundida por el deber incumplido de autoridades, parlamentarios, organizaciones no gubernamentales y medios. Se trata en definitiva de que un proyecto impulsor del progreso interamericano no naufrague, como tantos otros, en la tormenta de frases e intereses sectarios que tradicionalmente han interferido el rumbo a la prosperidad de nuestra región.

Tamaño texto
Comentarios