La pelea política se intensificó y quebró la modorra tradicional de enero. El nuevo Gobierno arrancó con una energía singular en procura de su legitimación en el ejercicio de la autoridad.Se aceleró el ritmo político de tal manera que parece que se vive en 2005, año en el que convencionalmente se estableció que habrá elecciones de renovación parcial de diputados nacionales. La convicción es compartida por actores del oficialismo y de la oposición. Ellos coinciden también en atribuir el recalentamiento de los motores al dinamismo de José Alperovich.
La permanente movilidad del gobernador no alcanza a tapar algunas cuestiones llamativas. Néstor Kirchner lo dejó en mala posición cuando pasó por Tucumán, sin avisarle 24 horas antes que el avión Tango 01 se iba a detener en el aeropuerto Benjamín Matienzo, para abastecerse de combustible en la madrugada del domingo anterior. Los dueños y los empleados de los negocios radicados en el aeropuerto, en cambio, conocían ese dato desde el pasado jueves 9 de enero. La incomunicación política entre la Casa Rosada y el Gobierno se hizo patente entonces. Es cierto que el efecto derrame de los programas nacionales de fondo alcanza a Tucumán, pero no menos exacto resulta señalar que Kirchner no recibió en su despacho a Alperovich desde que juró como gobernador.
El traspié no frenó el ímpetu del mandatario provincial, quien abrió distintos escenarios, en una vertiginosa acción que sorprende. Desde que reemplazó a Julio Miranda no paró en esa ofensiva, que busca construir poder político propio, mientras sus competidores están divididos o debilitados por los resultados de las dos elecciones de 2003. En ese despliegue avanzó, pero también activó mecanismos de defensa, y empezó a magullarse.
Alperovich se enzarzó en duras discusiones con el legislador Alejandro Sangenis (Encuentro Popular) y con el mirandista ortodoxo Enrique Romero, por la polémica gestión del interventor del Subsidio de Salud, Mario Koltan. Ambos políticos cuestionaron los manejos de Koltan en materia de medicamentos, pero Alperovich lo avaló. No obstante, crece el malestar entre los afiliados al Subsidio.
Se calzó los guantes
El duelo por la conducción del peronismo es un hecho que tempranamente se instaló en el partido que gobierna Tucumán desde 1999. Alperovich y Miranda coexisten, pero uno debe prevalecer sobre el otro. Antes de que acabe 2003, en Arcadia, el gobernador pontificó: "desde hace 30 años la Provincia viene mal manejada". En el mismo acto aseveró: "hay que gobernar y no robar". La ortodoxia peronista se atragantó y se calló, pero algunas acciones del Gobierno prepararon el terreno para las disidencias.
Raúl Hadla se calzó los guantes y repartió golpes contra los mirandistas. El jefe del bloque oficialista y ex secretario del Interior de la administración anterior afirmó que Alperovich es el jefe del Gobierno y del partido. Según ese razonamiento, Miranda terminó su ciclo, pese a que aún es el presidente del distrito. Amado Juri y Fernando Riera, en décadas distintas, ejercieron ambas funciones en forma simultánea. Ahora están repartidas en figuras distintas.
En la Legislatura suponen que Hadla desató la controversia para conjurar un levantamiento interno en el bloque mayoritario. Si lo atacan a él, atentan también contra Alperovich. Ese es el otro lado del discurso.
La realidad no es tan simple como aparenta. Hadla se ha transformado en el principal enlace del gobernador en la Cámara. "José quiere hablar con vos", es el mensaje que el legislador peronista transmitió a más de un par de la oposición en las últimas jornadas. El papel de Fernando Juri como nexo con la Casa de Gobierno se diluye, y el vicegobernador no ignora esos movimientos.
La convivencia entre el gobernador y el vicegobernador ha sido conflictiva desde 1991, con la sola excepción del período Miranda-Sisto Terán. Parece que ahora, con estilos diferentes, puede repetirse la tendencia histórica.
Las detonantes afirmaciones de Hadla contrastaron, por ejemplo, con la del ex ministro y actual intendente de Trancas, Osvaldo Jaldo. Reivindicó el liderazgo de Miranda en el PJ, desmarcándose del campo trazado por Hadla. Este acusó a los disidentes con el alperovichismo de haber usado la política y al Gobierno "como botín personal".
El ramalazo dio de lleno en legisladores que antes fueron funcionarios de Miranda. Las consecuencias del embate aún no se pueden mensurar, pero la próxima sesión de la Legislatura puede volverse un polvorín.
De pactos controvertidos
El ministro político es un hombre de apuestas fuertes. Edmundo Jiménez- consejero de Alperovich- deslizó que la elección de convencionales constituyentes puede efectuarse en junio de este año. Las discusiones presentes no lo asustan porque confía en la vocación reformista del peronismo. La gravitación del gobernador puede terminar sumando a muchos de los contestatarios de hoy.
En derredor de Jiménez admiten que nadie en el PJ discrepa con la reelección, ni tampoco con la puesta en comisión de los jueces. La ley que habilitó la reforma constitucional abrió el camino para el desguace total de las instituciones. No obstante, enero aún no es un mes propicio para que un asunto de esa envergadura pueda suscitar la atención colectiva.
En el Concejo Deliberante se preguntaban cómo el Gobierno pretende conseguir apoyo para un proceso electoral cercano, mientras enfrenta a los ediles del propio palo imputándoles rebeldía para hacer un ajuste presupuestario de $ 2 millones. Las relaciones entre ese cuerpo y Alperovich fueron tensas, pero se suavizaron tras la designación de Domingo Amaya como intendente. Los ediles, además, delegaron facultades en Amaya. Pero las exigencias de ceder recursos, tercerizar servicios y entregar inmuebles a la provincia en pago de inmuebles desbordaron el vaso. Carolina Vargas Aignasse acepta los recortes, pero pronostica retoques en el convenio. "Resguardamos el estado de derecho", anticipa. José Miranda, hermano del senador, atacó las exigencias del pacto y revalorizó el respeto por la autonomía municipal que tuvo la gestión anterior. Julio Miranda lo avaló.







