BUENOS AIRES.- Entredichos diplomáticos, denuncias con poco sustento, negociaciones exitosas que no resultan tales parecen haber sido por estos días signos que van delineando un aspecto débil de la administración actual.
Como espejos que distorsionan, los anuncios oficiales no coinciden siempre con la realidad; o lo que resulta más preocupante, se deshacen a poco de lanzados a la opinión pública al disolverse su sustento.
Por caso, el viaje del presidente Néstor Kirchner a la Cumbre de Monterrey estuvo marcado por algunos puntos confusos.
Tras la entrevista que el jefe del Estado mantuvo con su par norteamericano, George Bush, se informó sobre el resultado satisfactorio del encuentro, en el cual la Argentina, a estar por la versión oficial, una vez más le puso los puntos sobre las íes al gobernante del país más poderoso del mundo.
Allí se habrían limado asperezas por presuntas "habladurías" que habrían preocupado a Bush en torno de la posibilidad de que la Argentina no cumpla sus obligaciones con los acreedores.
Hasta ese momento, no se sabía aquí de la existencia de esas habladurías, pero sí se transmitía el sufrimiento del Gobierno, que aguardaba el visto bueno a la revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en el tiempo deseado.
Al hablar en el discurso de clausura en Monterrey, Kirchner denunció presiones e incomprensiones de sus acreedores. ¿Cuáles serían esos nuevos "apretones"? El discurso oficial hasta ese momento no los revelaba.
Hoy se sabe que hay preocupación en torno de la posibilidad de que se vuelva a demorar la segunda revisión del acuerdo. Para el 28 de este mes es esperado el "ok", y Kirchner, en declaraciones a un canal de televisión, afirmó que si llega en tiempo y forma, echará mano a las reservas del Banco Central para desembolsar, en marzo, los U$S 3.000 millones reclamados, con la esperanza de un inmediato reintegro.
Aunque los portavoces del gobierno estadounidense y del FMI digan en público que con la Argentina todo marcha bien, la inquietud que se revela aquí no parece confirmarlo.
El pedido casi desesperado de ayuda lanzado por Kirchner a Estados Unidos en su mensaje, tampoco parecía condecir con el supuesto tono relajado y de pares que se había descripto como característica de la reunión con Bush. Monterrey fue escenario de otros entredichos que pusieron al descubierto cierta improvisación a la hora de afrontar las delicadísimas relaciones diplomáticas.
Aunque los portavoces oficiales de Kirchner -la única vía de información que tuvieron en la ciudad mexicana los periodistas argentinos- juraron que durante el encuentro con Bush no se habló de Cuba, sospechosamente, a horas del regreso presidencial a la Argentina, se suspendió la realización del viaje del jefe de Estado previsto para febrero próximo.
Pese al discurso de independencia, la delegación argentina pareció cuidarse especialmente en esta oportunidad por no molestar a la diplomacia estadounidense. El encuentro con Evo Morales, el rebelde líder boliviano, cayó mal y el Gobierno intentó minimizar su significado. La reunión con Chávez se enmarcó en el anecdotario, y el amago de postulación argentina a favor del reclamo de Bolivia a Chile para lograr su anhelada salida al Pacífico se diluyó como una pompa de jabón.
El anticipo de fuentes argentinas de respaldar a Bolivia en ese pedido irritó a Chile, y más a los Estados Unidos, que no quiere molestias para el país trasandino, sin duda uno de sus aliados privilegiados en Latinoamérica.
Después todo quedó en la nada y Chile dejó en claro que el diferendo será dirimido en forma bilateral, indirectamente, sin contar con la participación de Argentina.
La cuestión uruguaya
Con Uruguay no le fue mejor al Gobierno. El anuncio de las autoridades de reclamar al vecino país el comparendo de personas supuestamente vinculadas al secuestro de la nuera de Gelman recibió de rebote una demanda del presidente Batlle por que Argentina aclare la situación de casi un centenar de desaparecidos uruguayos en este país durante la última dictadura.
No le fue mejor con Brasil: la intervención directa del máximo nivel del poder político en el asunto ocurrido en el vecino país por la detención de dos argentinos acusados de haber intentado utilizar dólares falsos, resultó extemporánea y rozó con la interferencia en asuntos hasta de otro poder del país vecino.
En medio de tantos deslices, pareció que el Gobierno sacó de la manga una denuncia del rubro en el que más firme se ha mostrado: el de la defensa de los derechos humanos, pero también con poca suerte. Tras el anticipo de que investigaría una gravísima revelación, como la existencia en la democracia de campos de práctica militar con ejercicios de tortura, el caso se desmontó rápidamente, cuando fuentes de las mismas fuerzas afirmaron que se trata de un tipo de entrenamiento común para los comandos de elite, aunque, obviamente, altamente cuestionables ética y moralmente.
La inactividad del verano tiende un manto de piedad sobre los altibajos que en los últimos días exhibió la actual administración. Los días irán calentándose; no obstante, a partir de la semana que entra, las idas y venidas con el Fondo Monetario Internacional volverán a cobrar un protagonismo central. (DyN)







