BUENOS AIRES.- El punto más vulnerable de la oferta gubernamental para reestructurar la deuda argentina con los tenedores de bonos no es la quita del 75 por ciento, sino el carácter unilateral de la oferta hecha en Dubai en septiembre y sostenida sin concesiones por el presidente Kirchner y el ministro Lavagna en Monterrey. Ello surge de las sucesivas manifestaciones de voceros del Fondo Monetario, y de los grupos de acreedores, y el propio presidente Bush durante el diálogo con su colega argentino: todos coinciden en que la propuesta debió ser negociada. Ello permite presumir que el gobierno hallará de nuevo inconvenientes con el organismo internacional cuando, a partir de marzo, comience a tratar la aprobación del segundo tramo del acuerdo contingente. Entretanto, la sombría amenaza de algún avance judicial hacia el embargo de fondos argentinos en el exterior y que acaba de arrojar un magistrado de Nueva York, insinúa la posibilidad de que los negociadores argentinos deban replantear la oferta de Dubai. La dureza -por momentos rudeza- conque el Presidente y el ministro se han manejado hasta ahora, deberá soportar también una consecuente reacción de frialdad en el mundo financiero internacional frente a los necesarios requerimientos de crédito para el crecimiento sostenible propuesto en Monterrey.
De corto plazo
El exitoso regreso de la Cumbre de las Américas, cuyo eco en las encuestas que Kirchner está recibiendo es manifiesto, no deja de ser por ello otra recompensa de corto plazo, tal cual impone la realidad nacional al gobierno transversalista. Pero nuestra política mantiene, además, su elevado margen tradicional de sorpresas. En efecto, bastó un par de días para que el sector más representativo en la defensa de los derechos humanos denunciase torturas, hace diez años y más, en campos de entrenamiento militares de personal especial de comandos. Se trata de complicar al Presidente en un debate tardío, después del desagrado que en esos sectores produjeron las sonrisas de Monterrey. La investigación consecuente debería dejar en claro si el poder político renuncia o no a ese tipo de unidades operativas que, como el espionaje, ensucian el rostro marcial de las naciones.
También en este asunto puede haber mucho ruido pero pocas nueces, pues los presuntos torturados eran oficiales y suboficiales integrados voluntariamente a esos grupos de entrenamiento en supervivencia, semejantes a los de numerosos países, y de donde no pocos participantes se retiran cuando no soportan las pruebas. La dudosa presunción de que son violados los derechos humanos en esas prácticas de extrema dureza, se invalida por el hecho implícito de que los voluntarios declinan la defensa de los propios al momento de sus compromisos con las unidades especiales. A los problemas de la defensa militar, se suman así libremente personas de condiciones poco comunes, recibiendo mejores remuneraciones y distinción profesional. (De nuestra Sucursal)







