Bonavena fue un guapo y un personaje singular - LA GACETA Tucumán

Bonavena fue un guapo y un personaje singular

Hace 39 años, Ringo moría asesinado en el Mustang Ranch

22 May 2015
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UN DUELO ÉPICO. Ringo Bonavena, antes de combatir con Muhamad Ali. FOTO TOMADA DE www.taringa.net

No llegó a ser campeón del mundo de boxeo, pero Oscar Natalio Bonavena está en el pedestal de los grandes ídolos populares de la Argentina. Hoy se cumplen 39 años de su asesinato, cometido por Ross Brymer, guardaespaldas de Joe Conforte, uno de los dueños del afamado burdel Mustang Ranch (Nevada), el primero que recibió permiso legal para funcionar en Estados Unidos.

Conocido como Ringo, nació el 25 de setiembre de 1942 en el barrio porteño de Parque Patricios, que lo acogió como una de sus icónicas figuras y su conocido  fanatismo por Huracán llevó a que las autoridades del club le pusieran su nombre a la tribuna local. También fue bautizada asi una calle de Buenos Aires. Militó en la categoría pesado y su palmarés profesional da cuenta de 58 victorias (44 por KO), 9 derrotas y un empate con Gregorio Peralta. En la Argentina, perdió con José Giorgetti (de quien se tomó después desquite) y Miguel Ángel Páez.

"Goyo", favorito de los aficionados que una noche reventaron el Luna Park, le ganó una noche el título de campeón argentino noquéndolo en el quinto round. Por entonces, Bonavena cosechaba más rechazos que adhesiones del público, que lo consideraba un provocador y fanfarrón. Para muchos, era el estilo de Ringo, que se mostraba ante los micrófonos y las cámaras como un joven desenfadado y audaz.

Gran parte de su carrera transcurrió en rings estadounidenses, con victorias resonantes frente al canadiense George Chuvalo y al alemán Karl Mildenberger, y derrotas en épicos combates con Joe Frazier, con quien perdió en dos oportunidades después de haberlo derribado dos veces en el primero, Zora Folley, Jimmy Ellis y la más recordada de todas, con Muhammad Ali, 7 de diciembre de 1970 en el Madison Square Garden.

Al llegar a Nueva York para iniciar su preparación, Bonavena llamó "gallina" a su próximo oponente, una de las más grandes figuras del boxeo mundial, que solía pronosticar en qué asalto ganaría sus peleas. Aquella vez vaticinó que en el noveno, pero casualmente en ese capítulo Ringo lo mandó a la lona sin que el árbitro efectuase el conteo. Y en el pesaje previo, ya lo había desafiado diciéndole "Ali, Ali", cuando este ya se había convertido al islamismo.

Ali dominó y en el último round lo tiró tres veces para ganarle por nocaut técnico. Quizás esa noche logró la credencial definitiva de ídolo en nuestro país, donde seis días después de su muerte y en plena Dictadura militar le dio un acongojado y multitudinario adiós.

Más de 150.000 personas desfilaron ante su féretro instalado en el Luna Park. Más allá de su bravuconadas y su valentía en el ring, Bonavena -que tenía pié plano- fue un personaje inefable, que incursionó en el canto. Grabó el recordado "Pio, pio, pa" y dejó un sinfín de hechos singulares, arriba y abajo del cuadrilátero.

En San Pablo, en una pelea sudamericana, le mordió la tetilla a un rival que lo superaba claramente en el desarrollo. Fiel a su estilo, y resaltando su figura,  cantaba "Somos del barrio, del barrio de La Quema, somos del barrio de Ringo Bonavena". También dejó algunas frases inolvidables:

"Todos hablan antes de las peleas, pero cuando suena la campana, estás tan solo que hasta el banquito te sacan"

"La experiencia es un peine que te lo dan cuando te quedás pelado"

 "¿Cuántos hermanos somos? Ocho vivos y yo, que soy el único que trabaja"

"De tanto repetir, casi me caso con la maestra".

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