14 Enero 2004 Seguir en 
Morían los primeros minutos del domingo. Llovía en Tucumán. En el desolado bar del aeropuerto Benjamín Matienzo, un pasajero de un avión que hizo una sorpresiva escala técnica sorprendía al mozo. "Un sándwich de jamón y queso", dijo el presidente Néstor Kirchner. Iba a México; aterrizó en Tucumán; compró alfajores y esperó una hora para seguir viaje. ¡Y nadie del Poder Ejecutivo sabía de los movimientos del Presidente! Curiosamente, sí estaban enterados los dueños de algunos locales comerciales del lugar, que abrieron sus negocios para atender a la delegación presidencial. ¿Cómo es posible? La pregunta lleva a reflexionar sobre las serias deficiencias en los servicios de seguridad del Estado, especialmente los de inteligencia. ¿Cómo es posible que el gobernador José Alperovich desconociera que Kirchner se detendría en Tucumán? A alguien tendría que tirarle la oreja, de mínima, por el papelón. ¿Por qué no lo supo? El interrogante permite especular políticamente.
Caben dos alternativas: la visita se desconocía por falencias del aparato estatal o bien porque nadie de la Nación quiso avisar a Alperovich que Kirchner tenía ganas de comprar alfajores en Tucumán. La pregunta es obvia: ¿por qué las autoridades del poder central querrían pasar inadvertidas hasta para las propias autoridades provinciales? Algo no cierra en esta trama. ¿A Kirchner no le simpatiza Alperovich? Tal vez el Presidente deseaba estar solo en un bar de una provincia del norte, sin ganas de compartir su sándwich con nadie. Por eso no invitó al mandatario tucumano.
En el PE se intentó minimizar la situación, aunque para muchos funcionarios resultó incomprensible lo que sucedió. No encontraron explicaciones y trataron de desalentar cualquier idea respecto de que la relación entre Kirchner y Alperovich está fría, anunciando visitas de funcionarios nacionales (Ricardo Jaime, Paola Besbessian y Julio de Vido).
Se interpreta que la presencia de estos ratifica el respaldo de la Nación a la gestión del gobernador. De hecho, ayer, el propio Alperovich salió a decir que con la Nación todo está bien.
En el plano institucional todo funciona aceitadamente entre la Nación y la Provincia, como cabe que suceda entre un Presidente y un gobernador, responsables y consustanciados con su misión. Pero también existe un plano político donde hay que evaluar esta relación. Bien en lo institucional, pero para el análisis político, ¿hay que tener en cuenta esta visita presidencial inesperada sin comunicación al mandatario provincial? En ese marco, el hecho de que no haya existido un saludo entre dos especialistas en repartir abrazos es sugestivo. Para todo hay una interpretación, aunque más no sea hipotética.La que sigue es una de ellas. Si bien Kirchner es un dirigente que hizo de la transversalidad su base de sustento político y de poder institucional, es un peronista que -como setentista que es- valora la militancia y respeta la ideología. Y militancia e ideología peronista es lo que precisamente le faltan a Alperovich. El mandatario nació a la vida política siendo radical.Así llegó a legislador. Luego abandonó ese barco para subirse al tren del peronismo, que lo convirtió en gobernador pese a no conocer las 20 verdades o la letra completa de la marcha peronista. Este sería un aspecto que desagradaría al Presidente. Otro elemento que también pesaría para ese supuesto distanciamiento sería que en el kirchnerismo huelen cierto tufillo duhaldista en Alperovich, por más que haya declarado su fe al Presidente. El 29 de octubre, Eduardo Duhalde fue la única figura de relevancia nacional presente en la asunción de Alperovich, acto al que no asistió ningún representante del Gobierno.
Kirchner estuvo sólo unos minutos en Tucumán, los suficientes como para tejer especulaciones en torno a la imagen que no fue: la del abrazo.
Caben dos alternativas: la visita se desconocía por falencias del aparato estatal o bien porque nadie de la Nación quiso avisar a Alperovich que Kirchner tenía ganas de comprar alfajores en Tucumán. La pregunta es obvia: ¿por qué las autoridades del poder central querrían pasar inadvertidas hasta para las propias autoridades provinciales? Algo no cierra en esta trama. ¿A Kirchner no le simpatiza Alperovich? Tal vez el Presidente deseaba estar solo en un bar de una provincia del norte, sin ganas de compartir su sándwich con nadie. Por eso no invitó al mandatario tucumano.
En el PE se intentó minimizar la situación, aunque para muchos funcionarios resultó incomprensible lo que sucedió. No encontraron explicaciones y trataron de desalentar cualquier idea respecto de que la relación entre Kirchner y Alperovich está fría, anunciando visitas de funcionarios nacionales (Ricardo Jaime, Paola Besbessian y Julio de Vido).
Se interpreta que la presencia de estos ratifica el respaldo de la Nación a la gestión del gobernador. De hecho, ayer, el propio Alperovich salió a decir que con la Nación todo está bien.
En el plano institucional todo funciona aceitadamente entre la Nación y la Provincia, como cabe que suceda entre un Presidente y un gobernador, responsables y consustanciados con su misión. Pero también existe un plano político donde hay que evaluar esta relación. Bien en lo institucional, pero para el análisis político, ¿hay que tener en cuenta esta visita presidencial inesperada sin comunicación al mandatario provincial? En ese marco, el hecho de que no haya existido un saludo entre dos especialistas en repartir abrazos es sugestivo. Para todo hay una interpretación, aunque más no sea hipotética.La que sigue es una de ellas. Si bien Kirchner es un dirigente que hizo de la transversalidad su base de sustento político y de poder institucional, es un peronista que -como setentista que es- valora la militancia y respeta la ideología. Y militancia e ideología peronista es lo que precisamente le faltan a Alperovich. El mandatario nació a la vida política siendo radical.Así llegó a legislador. Luego abandonó ese barco para subirse al tren del peronismo, que lo convirtió en gobernador pese a no conocer las 20 verdades o la letra completa de la marcha peronista. Este sería un aspecto que desagradaría al Presidente. Otro elemento que también pesaría para ese supuesto distanciamiento sería que en el kirchnerismo huelen cierto tufillo duhaldista en Alperovich, por más que haya declarado su fe al Presidente. El 29 de octubre, Eduardo Duhalde fue la única figura de relevancia nacional presente en la asunción de Alperovich, acto al que no asistió ningún representante del Gobierno.
Kirchner estuvo sólo unos minutos en Tucumán, los suficientes como para tejer especulaciones en torno a la imagen que no fue: la del abrazo.







