Historias de una niña para sobrevivir al mar de noche - LA GACETA Tucumán

Historias de una niña para sobrevivir al mar de noche

26 Abr 2015
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LA MIRADA. Laurencich, a través de sus personajes, enfrenta hipocresías. blog.eternacadencia.com.ar

Novela

Las olas del mundo

ALEJANDRA LAURENCICH

(Alfaguara - Buenos Aires) 

¿Cómo es posible enfrentarse y sobrevivir a las corrientes del mundo? El 24 de marzo de 1976, Andrea Debari cumple trece años, tiene asumido que no sabe nadar, que sólo puede meterse bajo las olas. Pero también ha descubierto que, a través del lenguaje, puede reescribir su vida y las de los demás. Su casa queda en una esquina, desde allí observa la ciudad de Buenos Aires y la progresiva acentuación de sus sombras.

A partir de ese marzo imborrable, el hogar de Andrea se transforma en una suerte de refugio para toda su familia: su abuela llegó hace varios años al país escapando de la Gran Guerra, su padre no consigue trabajo, su madre se ocupa de la casa y de todos, y su hermano mayor ya no resiste la represión, no puede escuchar con indiferencia los comentarios reaccionarios en las sobremesas.

Andrea acaso no comprende todo lo que se anuncia en las discusiones pero registra cada tono en sus cuadernos, a través de la escritura se apropia de su presente, desde ese silencioso espacio consigue contar otra historia. Los personajes imaginarios se nutren de los rostros conocidos, de frases y gestos, a través de ellos, Andrea intenta enfrentarse a la hipocresía, el desprecio; a las formas mínimas de la violencia cotidiana.

Lentamente, la casa y los días de Andrea se irán poblando de ausencias, de recuerdos que son como fantasmas, y su voz primera será reemplazada por una voz extraña, por una tercera persona que sigue narrando su vida.

El filósofo francés Paul Ricoeur afirma que la memoria y la imaginación comparten la presencia de lo ausente. Andrea casi no puede separar qué es lo que ha sucedido en verdad de lo que ha escrito en sus cuadernos. Sin embargo, aún consigue reconocerse en algunas búsquedas y preguntas que permanecen como huellas de la resaca luego de la tormenta.

Ella sabe que, tanto sus personajes como los hombres que vivieron, sólo “morirían el día que ella dejara de contarlos”. El recuerdo mantiene en movimiento también las olas de su presente.

© LA GACETA

Máximo Hernán Mena

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Buenos Aires
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