13 Enero 2004 Seguir en 
La experiencia de ascender en bicicleta por los caminos de nuestros cerros puede ser altamente satisfactoria. Sin embargo, no deben perderse de vista ciertos detalles para evitar que una jornada al aire libre, en contacto directo con la naturaleza, se transforme en una tragedia. Bien se sabe que nuestros caminos de montaña suelen tener tramos muy estrechos, en los que los vehículos deben extremar precauciones para evitar roces o choques. No existen, desde luego, sendas específicas para los peatones o para los ciclistas, por lo que estos se ven expuestos a innumerables peligros durante el ascenso. Además, el cansancio de los pedalistas conspira contra el dominio de sus bicicletas, especialmente en los últimos tramos de la travesía, por lo que muchas veces se los puede ver volcándose peligrosamente hacia el centro de la cinta asfáltica. Esto obliga a realizar arriesgadas maniobras a los que manejan automóviles o camionetas, quienes, por su parte, en muchos casos transitan a velocidades superiores a lo que la prudencia aconseja. Es responsabilidad de todos extremar las precauciones para usar racionalmente las rutas y no exponerse a graves peligros.







