La citricultura perdió a uno de sus pioneros - LA GACETA Tucumán

La citricultura perdió a uno de sus pioneros

18 Abr 2015 Por Gustavo Frías Silva
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Hace pocos días la citricultura tucumana y nacional perdió a uno de sus pioneros: Jorge Palacios. Este profesional fue un destacado docente de varias generaciones de estudiantes en la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la Universidad Nacional de Tucumán y de otras universidades. Los que conocieron a este maestro y profesor, entre los que destacamos alumnos, profesionales y productores tuvieron la suerte de poder recibir, y porque no, asimilar toda la sabiduría que acumuló durante su rica trayectoria vinculada con el agro.

Palacios nació en Orán (Salta), en la localidad denominada Misión Zenta, por su cercanía a las Misiones Jesuíticas y al río Zenta. Ejerció lo que más le gustaba en su vida, la docencia, y durante muchos años pasaron por las aulas en las que volcó su experiencia destacados profesionales, al igual que muchos productores que hoy se dedican a la producción citrícola.

Fue responsable de la Sección Citricultura de la Estación Experimental INTA Famaillá (Tucumán), fue profesor titular de la Cátedra de Fruticultura en las universidades Nacional de Tucumán y Nacional de Santiago del Estero. Se suma a esto, su vasta experiencia como asesor privado en las principales empresas cítrícolas de Tucumán, Salta y Jujuy, actividad que continuó ejerciendo hasta sus últimos años de vida.

Sus viajes de investigación y estudio a Estados Unidos (estaciones experimentales de Florida, California, Texas y Arizona), Israel, Japón, Italia, España, Bolivia, Ecuador y Brasil en varias oportunidades, enriquecieron su fructífera labor profesional y docente.

Entre sus logros trascendentes figura el libro “Citricultura”, donde volcó sus experiencias como profesor, investigador y asesor citrícola en el país.

Hace un par de años atrás Palacios afirmaba a LA GACETA Rural que “Tucumán no debe perder jamás el liderazgo que tiene hoy en el mundo como productor de limón, y día a día debe revalidarlo con más esfuerzo y sacrificio”.

En esa ocasión apuntó que los nuevos estudiantes y profesionales “no deben perder de vista la formación permanente y la búsqueda de la excelencia; buscando ser profesionales de sólidos conocimientos, con lo cual, la actividad citrícola regional nunca podrá ser doblegada”.

Su libro “Citricultura” sigue siendo una fuente de consulta de los hombres que producen cítricos, ya que aporta la experiencia de la investigación a campo de toda la región. Esta obra recibió aportes y conceptos de destacados profesionales tucumanos, del país, de Estados Unidos y de España.

Con el convencimiento de la sabiduría, Palacios sostuvo que Tucumán mantendrá su liderazgo mundial en el cultivo del limón, por la bondad de su clima, la calidad de sus tierras, por el material genético utilizado y por la tecnología implementada. “Estas ventajas permiten abastecer los principales mercados del Hemisferio Norte, entre marzo y septiembre, con frutos de calidad”, remarcó.

Al referirse a la citricultura en general, sostuvo en su momento, que es una extraordinaria materia para cualquier profesional. “La ventaja radica en que es una actividad sobre la que más se escribió y volcaron experiencia en el mundo, a través de años de investigación”.

No caben dudas de que quienes tuvieron la suerte de poder asimilar sus conocimientos extrañaran a este extraordinario “Maestro” universitario, que tenía una gran virtud como era amar la docencia y poder transmitir sus conocimientos a todos lo que los escuchaban.

Esta transferencia de sabiduría la realizaba con un gran profesionalismo, pero sobre todo con una pasión tal que lo que transmitía quedaba “grabada a fuego” en la mente de quienes lo escuchábamos.

La citricultura tucumana tuvo la suerte de poder tener entre sus filas a este destacado profesional que amaba lo que hacía, pero sobre todo transmitía con envidiable generosidad sus conocimientos.

El ingeniero Palacios fue para todos “un decano de la citricultura”, y el dueño absoluto de un gran profesionalismo, sincera humildad y una descollante simpatía.

Esa fuerte pasión por su trabajo en las últimas décadas le valió el reconocimiento dentro de la actividad citricola y agrícola en general, ya que por su lucha la citricultura tucumano llegó al sitial que tiene hoy en los mercados del mundo.

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