El jefe de Estado destrabó la negociación con el Fondo

Por Hugo E. Grimaldi

11 Enero 2004
BUENOS AIRES- Fue sorpresa para todos, salvo para Néstor Kirchner. Aunque con gestos algo adolescentes y gritos de tribuna, que se sumaron a la hojarasca mediática que envolvió la semana en relación con el tironeo diplomático con los Estados Unidos, el Presidente demostró una vez más su alta capacidad negociadora y le sacó al FMI la aprobación a la demorada primera revisión.
El sentido de la oportunidad del hoy Presidente -que cultiva desde sus tiempos de gobernador, en tenidas memorables con autoridades nacionales que siempre le generaron recursos para su provincia- se mostró una vez más impecable, ya que Kirchner sabía desde el miércoles que el Fondo Monetario quería cerrar el episodio.
Un comentario de otro funcionario del FMI al secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, dio la pista en la Casa Rosada sobre la cercanía del acuerdo, situación que también se visualizaba desde el Ministerio de Economía: Horst Köhler quería hablar con el Presidente.
Entonces, Kirchner dio la orden: "quiero meterme en el tema". Y les explicó a sus colaboradores que aceptaba la propuesta, porque necesitaba conocer de primera mano qué está pasando. Así comenzó a gestarse la comunicación telefónica que se verificó el viernes por la tarde con el mandamás del Fondo, cuando ya los aspectos técnicos estaban cerrados y se necesitaba el paraguas político para firmar el acuerdo.
Una fuente del FMI dijo que Köhler es una persona que siente aprecio por la palabra empeñada y que por eso le pidió al Presidente -en quien reconoce una misma raigambre cultural, debido a sus antepasados suizos- su involucramiento personal en temas en los que al FMI le interesa avanzar. Desde Washington se recordó que Eduardo Duhalde había sido marginado por no cumplir con una promesa similar.

Cuestiones básicas
Tres cuestiones básicas estaban sobre la mesa. El Fondo necesitaba conocer si había peligro de algún cambio en la decisión argentina de no involucrar en el default a los organismos internacionales; si la negociación por la deuda estaba demorada a propósito y si era verdad que el 75% de quita resulta inamovible.
En el primer aspecto, las autoridades económicas sostienen que la Argentina no es un cliente del FMI, sino que como miembro pleno respeta estatutos y modalidades, ya que, como prestamista de última instancia, el Fondo necesita el reintegro de 100% de los fondos desembolsados.
El segundo punto tiene que ver con el lento proceso de identificación de acreedores, ya que las autoridades de la Secretaría de Finanzas necesitan saber quien es quien y si los que se arrogan la representación de los tenedores tienen los mandatos en regla para negociar.
En el último criterio hay absoluta unanimidad en el Gobierno: no habrá regateos porque no se trata de un auto usado. El porcentaje de quita está avalado por modelos de sustentabilidad que no permiten ningún cambio, ni ahora ni después, dicen en Economía.
"Claro está que si se aumentara hacia futuro el superávit fiscal convenido, ¿esto podría reverse?", se le preguntó a un colaborador directo del Presidente: "no. Todo el mundo ya sabe que la Argentina no va a cambiar el 3%", sentenció.
Más allá de lo político, es evidente que la amigable charla con Kirchner también convalidó la negociación técnica y esto surge con meridiana claridad de la posterior declaración oficial del mismo Köhler. El director gerente asegura que la Argentina alcanzó, tal como proclamaba con toda razón el Gobierno, con márgenes confortables los objetivos cuantitativos planteados. Y esta es la clave para entender por qué se demoró la aprobación.

Ni una coma
El último párrafo de la declaración indica cuáles son los costados cualitativos que merecieron los reparos del organismo y aquí conviene detenerse en cada uno de ellos para ampliar detalles, ya que -según Roberto Lavagna- en la letra del convenio firmado el viernes no se cambió ni una coma.
"Las autoridades se comprometen a desarrollar una estrategia para consolidar el sistema bancario", dice la Carta de Intención.
Una fuente de Economía reveló que en los próximos días habrá novedades sobre el cierre de la compensación a los bancos, ya que es un proceso dinámico. "La norma está lista; falta la venia presidencial; pero, mientras tanto, los bancos están trabajando con el BCRA para verificar los procesos de cobros y pagos", dijo.
Para el mismo interlocutor, la expresión realizar progresos de la reestructuración de la deuda privada no implica un seguro de cambio, bajo ninguna posibilidad.
Dicen las autoridades, con razón, que este punto quedará zanjado en la práctica, ya que son cada vez más numerosas las empresas que firman arreglos con sus acreedores, debido al mejor marco macroeconómico con el que cuentan.
"Completar la reestructuración de la deuda externa, con una oferta que tenga el apoyo de un amplio grupo de acreedores, cierra la declaración del FMI. Y en este punto, las autoridades remiten a plazos cercanos, inclusive delimitados por el fallo del juez neoyorkino Thomas Griessa, hacia fines de mes, quien podría ordenar embargos en pagos a los organismos.
Tampoco puede soslayarse la presión que realizó y el eventual apoyo que le dio al acuerdo el gobierno de EE.UU., por otra parte bastante enojado con el FMI por sus expresiones sobre el déficit. Así se lo hizo saber el jueves al presidente Kirchner, el titular de la Cámara de Representantes, el republicano Dennis Hastert: "nos critican porque aprobamos la eliminación de impuestos distorsivos; yo prefiero tener déficit antes que poner tributos que traben la producción", dijo.
Pero por más que desde la Casa Rosada se relativice el rol de los EE.UU. -situación que destaca el Ministerio de Economía- en este aspecto, la reunión del martes entre los presidentes Kirchner y Bush será determinante. (DyN)

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