Deberes y compromisos del pacto

La crisis de la provincia obliga a coordinar los esfuerzos de todos los sectores.

11 Enero 2004
En el exitoso filme "El señor de los anillos: el retorno del rey", elfos, humanos, magos, hobbits y enanos se ven obligados a dejar atrás sus diferencias sociales para unir sus fuerzas y formar un ejército que pueda enfrentar el poder de Saurón, el Señor Oscuro. Una labor titánica que se ve coronada al final con un triunfo resonante. Sin una guerra épica como marco pero con la misma urgencia que los protagonistas de la película, el gobernador José Alperovich también debió recurrir a un pacto para poder enfrentar el fantasma de la crisis. Luego de firmar el viernes el llamado "Pacto para el Crecimiento de Tucumán", el mismo mandatario reconoció que es su primera obra de gobierno en serio. Por el acuerdo, la Provincia le garantiza durante 12 meses, $ 4,5 millones a la capital; $ 3,3 millones para que 10 intendencias (Alderetes, Famaillá, Yerba Buena, Concepción, Bella Vista, Tafí del Valle, Alberdi, Banda del Río Salí, Monteros y Lules) paguen los sueldos, y $ 210.000 para que siete municipios (Burruyacu, Graneros, Simoca, Aguilares, Trancas, La Cocha y Las Talitas) efectúen obras por $ 30.000. El acuerdo no deja de ser positivo, sobre todo porque, a partir de ahora, el gobernador verá fortalecido su poder político y tendrá más apoyo a la hora de implementar medidas mayores. El convenio en sí, más allá de los que signifique materialmente para la tranquilidad económica y social de los intendentes, representa una subordinación política por agradecimiento institucional. En un esquema de poder el respaldo del interior define, por ejemplo, la suerte de las candidaturas a las diputaciones nacionales. Eso ocurrirá en 2005, cuando se renueven cuatro bancas. La de senador que obtuvo Alperovich en 2001 es producto, precisamente, de la fuerza en votos aportada fundamentalmente por el interior a causa de su anterior creación: el Pacto Social para el Saneamiento. Por lo tanto, este acuerdo firmado con los intendentes no sólo trae aparejado un futuro inmediato sin grandes incendios en los municipios y -ciertamente- con más obras, sino también unas elecciones más distendidas.
Sin embargo, todo pacto social implica deberes y compromisos que deben respetarse en el tiempo. John Locke, considerado el primer gran ideólogo del liberalismo, nació en 1632, en los tiempos de las monarquías europeas. El decía que existen dos pactos para dar origen al Estado: el pacto de sociedad (hemos decidido vivir en comunidad) y el pacto de sujeción (hemos decidido someternos a un poder común). Según esto, el pueblo, que tiene el verdadero poder soberano, otorga a los poderes su confianza sin someterse íntegramente a ellos, justificando la rebelión en caso de que la autoridad no cumpla con sus objetivos.
Respecto de la tolerancia de los pueblos, Locke decía: "El pueblo no abandona las viejas formas con tanta facilidad como algunos parecen sugerir", pues tiene lentitud y aversión "a abandonar sus viejas constituciones". Además, el pueblo "está más dispuesto a sufrir resignadamente que a defender sus derechos por la fuerza".
Vale la pena considerar estas ideas porque, aunque fueron concebidas en el siglo XVII, nos involucran. Sobre todo porque Tucumán tiene una larga historia de incumplimiento de promesas y convenios que terminaron agravando la situación social y económica de la provincia.
De nada le servirá al gobernador el pacto si, dentro de unos meses, se excusa de asistir de la forma convenida a los municipios y, al revés, si los municipios destinan esa ayuda a otras cuestiones que no fueron las pautadas. Será como pelear con el poderoso Saurón sin contar con un ejército.

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