Dura transición

Por Roberto Delgado

10 Enero 2004
Desde hace un mes, cuando terminaron las clases, el Gobierno viene anunciando el programa nutricional "Ahora, los chicos" que, en teoría, suplanta la comida que los niños pobres tenían en la escuela durante el ciclo lectivo. Pero desde hace precisamente un mes, muchos de esos chicos pobres están a la deriva, ya que hasta ahora no se ha podido implementar correctamente el programa porque la faz operativa es muy precaria: depende de listados que deben elaborar municipios y comunas, y estas administraciones no se prepararon para armarlos. Recién esta semana se pondría en marcha el sistema. Pero nadie sabe dónde comieron durante este mes esos chicos, cuyo número se calcula en 150.000.
Los funcionarios fueron evasivos ante esa pregunta. ¿Dónde comieron? ¿Qué comieron? Los 43 comedores de Cáritas sufrieron un incremento del 20 % en su población de comensales. Los locales de otras organizaciones no gubernamentales también tuvieron un aumento en la cantidad de chicos que fueron a pedir alimento. Pero esto no puede saberse con exactitud, porque nadie hizo un relevamiento general en toda la provincia. Es el relevamiento que el Gobierno encargó a último momento, y con mucho apuro, a municipios y comunas. Algunos, como Concepción, tenían los datos listos. Otros, como Amaicha, estaban desayunándose con la noticia el lunes pasado.
Esa pregunta marca la dura transición entre el sistema caótico de ayuda social que imperaba desde tiempos del gobernador Julio Miranda (que será famoso para siempre por las muertes de niños por desnutrición) y un programa teóricamente más organizado, hecho por los equipos técnicos del actual Gobierno, que parecen menos influidos por los intereses políticos. De hecho, en la conducción de las áreas sociales se puso a trabajadores sociales y psicólogos, que entienden de estas cosas más que los punteros políticos.
Pero parece haber un quiebre entre las intenciones y los medios. En primer lugar, los equipos técnicos cambiaron el almuerzo de los chicos en las escuelas (que se terminó hace un mes) por un desayuno y un complemento nutricional que no terminan de servirse. Y tampoco se explica qué almorzarán.
En segundo lugar, se convocó tarde a municipios y comunas que no tienen listados ni computadoras para hacer entrecruzamiento de datos, ni personal para relevar a los niños hijos de obreros golondrina, que migran de un lado a otro. También se confió en que, como no se repetirá la experiencia del año pasado de convocar a maestros para los comedores escolares, se dará el complemento nutricional a niños y se les dará entretenimiento con voluntarios y con personal del plan Jefes de Hogar Desocupados, que tienen escasa capacitación para trabajar con niños.
En tercer lugar, nadie dijo que se haya enviado ayuda extra a los comedores que recibieron a los chicos que dejaron de comer en las escuelas. Se dijo que hubo alimentos en las escuelas, pero que los chicos no fueron. Respuesta pragmática, que no tiene lógica y lleva a las preguntas del comienzo: ¿qué y dónde comieron? Un nutricionista debería explicar qué pasa cuando una olla de polenta para 10 comensales es estirada para dar de comer a 20. Los comedores infantiles, que atienden a chicos de 2 a 5 años, deben haber recibido a los niños de 6 a 14 años que no tuvieron dónde comer.
Las intenciones de los equipos técnicos pueden ser las mejores: obligar a municipios, comunas y organizaciones no gubernamentales a hacerse responsables en esta crisis. Se querrá cambiar el viejo sistema asistencialista por uno de ayuda social más organizado. A fin de cuentas -dirán los funcionarios-, en alguna parte comieron esos chicos que no pueden ubicar. Pero lo hicieron a la buena de Dios, y no gracias a la acción oficial. Los funcionarios pensaron que el fin justifica los medios, fueron duros, y así es dura la transición.

Tamaño texto
Comentarios