El liderazgo perdido

Tucumán resignó su situación de privilegio en la región

10 Enero 2004
Cuando las guerras se disputaban cuerpo a cuerpo en los campos de batalla, era una regla de oro para los comandantes de las fuerzas en pugna tener presente que no existían los espacios neutrales; los que no eran ocupados por la propia tropa, indefectiblemente quedaban en manos del enemigo. El concepto puede aplicarse en forma paralela al tema del liderazgo. Es bien sabido que el primer lugar no se comparte y que, cuando por diferentes razones se pierde la ubicación de privilegio, no se puede esperar que ésta quede vacante. Siempre habrá quien la ocupe inmediatamente, relegando de hecho al anterior líder a una posición menos destacada.
Históricamente, Tucumán se erigió como polo indiscutido de la región noroeste de nuestro país. Su condición de primera provincia del interior que desarrolló una industria pesada, sumada al liderazgo intelectual que le confirió la presencia de una universidad que en pocas décadas de vida alcanzó prestigio internacional, fue suficiente para asegurar su preeminencia sobre las jurisdicciones vecinas. Durante muchos años la referencia obligada en el norte en el campo político, cultural, deportivo y económico pasó indefectiblemente por estas tierras.
A mediados del siglo que pasó, ni el más pesimista de los tucumanos hubiera imaginado otra cosa que un futuro de prosperidad y de constante progreso para la provincia, con un ingreso al nuevo milenio en una situación de notable preeminencia sobre sus vecinas. Lamentablemente, al cabo de los años, otra es la realidad. Si se olvida por un momento que los procesos históricos deben leerse como una continuidad y se establece un corte abrupto para saltar alrededor de cuatro décadas, el contraste entre la situación actual con la que se vivía a mediados de la década del ?60 resulta poco menos que increíble. Tucumán ya no es el centro de la región, y la posición de privilegio la ostenta la vecina Salta. Sobran los ejemplos para demostrar esta afirmación. Sin entrar en la compleja interpretación de los datos económicos ni en especulaciones de tono político, bastará reparar en la creciente cantidad de turistas que año tras año prefieren pernoctar en las tierras de Güemes y que toman a nuestra provincia como una escala. O tener en cuenta la seriedad con la que el gobierno salteño encaró el proyecto de fundar su orquesta sinfónica, una decisión política apoyada con una significativa erogación presupuestaria, que al cabo de un par de años está comenzando a dar interesantes réditos en el campo de la cultura. O calibrar la importancia que ha cobrado Salta como escenario de importantes episodios deportivos, al punto que Boca Juniors eligió esa plaza para disputar una de sus fechas como local en la última edición de la Copa Libertadores de América. El estadio mundialista de la vecina provincia será el escenario en el que se comenzará a disputar mañana el Torneo Pentagonal de Verano con la presencia de Independiente y del equipo "xeneize"; a pesar de la ausencia de sus máximas estrellas, la convocatoria del reciente campeón intercontinental asegura desde ya un lleno total en las casi 21.000 ubicaciones de que dispone el complejo deportivo. Más allá de las inversiones que se requieren para disponer de la infraestructura que permita programar espectáculos de esta envergadura, existe una voluntad de colocar a la provincia en los primeros planos. Y eso es precisamente lo que desapareció de las estrategias de la dirigencia que durante varias -quizá demasiadas- décadas tuvo la responsabilidad de regir los destinos de nuestra provincia.

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