Los fantasmas de Monterrey

Kirchner debe enfrentar dos cuestiones críticas para el país.

10 Enero 2004
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- Las expectativas de la política nacional estaban centradas hasta el mediodía de ayer en lo que podía ocurrir durante la reunión interamericana de Monterrey, hacia donde partirían a medianoche el Presidente, el canciller y el ministro de Economía. En esta ocasión Kirchner no debía llegar tarde o sobre la hora, como es frecuente, sino que se adelantaría significamente para comenzar a encarar dos cuestiones críticas y complejas: la resistencia del Fondo Monetario a dar su aprobación al primer tramo del acuerdo contingente, y las relaciones con Estados Unidos, afectadas por las de nuestro gobierno con Cuba. Cuando no pocos comentarios locales ponían en alerta roja los eventuales resultados de los encuentros sucesivos de Kirchner con Horst Köhler y George W. Bush, suponiendo que nuestro presidente podría actuar con el estilo frontal y directo que emplea en sus declaraciones públicas, la noticia inesperada surgió impactante: el jefe del Fondo había comunicado telefónicamente a Olivos que el organismo aprobó, después de larga espera, el primer tramo del convenio contingente y, por añadidura, Kirchner recibía frases muy satisfactorias por el comportamiento de la economía Argentina. Los pronósticos más agoreros acusaban así un golpe difícil de superar. Las relaciones con el FMI estaban pasando por un momentos muy delicados, y el Presidente seguía insistiendo en su voluntad de no aceptar mayores exigencias presupuestarias que el tres por ciento anual anteriormente convenido para atender la deuda en bonos.

Juegos cínicos
El 9 de marzo, si el país no paga los tres mil millones de dólares que vencen con el Fondo, -alegando que no lo haría por falta de aprobación para el primer tramo del acuerdo- quedaría en default con el organismo y ante un cerrojazo financiero internacional. Resulta obvio que eso no ocurrirá ya. En este punto, la mano de Bush puede haber sido esencial, como lo fue para la firma del acuerdo, pero el martes el jefe de la Casa Blanca querrá conocer qué hará la Argentina en las Naciones Unidas cuando, entre marzo y abril, se debata nuevamente otra condena a Cuba por violación de los derechos humanos. Al borde del debate, como es frecuente en Kirchner, se anticipó aquí que se pronunciará por la abstención, tal cual se hizo en la última oportunidad. Esa postura es secundada por Brasil, que a pesar de su tolerancia con Fidel Castro no tiene dificultades con Washington.
La invocación a los derechos humanos suele ser otra de las acciones cínicas frecuentes en las relaciones internacionales. Estados Unidos los viola flagrantemente en su base cubana de Guantánamo con los prisioneros iraquíes, marginando la histórica convención de Ginebra, pero los invoca contra Castro; el gobierno kirchnerista agita esos derechos con una altiva bandera reivindicatoria en el orden interno, pero no los valora cuando se trata de la dictadura habanera. Esos esperpentos diplomáticos han desacreditado políticas fundamentales. China comunista tampoco provoca los escrúpulos humanistas de nuestros países, seducidos por sus poderosos mercados al ritmo del capitalismo. Razones todas estas que permiten descomprimir los pronósticos sobre Monterrey. (De nuestra Sucursal)

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