El control de los ambulantes

La presencia de los "buscavidas" en el centro sigue siendo un dolor de cabeza para las autoridades.

08 Enero 2004
La crisis económica en la que se debate nuestro país desde hace ya décadas ha operado algunas transformaciones en los comportamientos sociales que comenzaron por provocar sorpresa, pero que ya se han incorporado, en algunos casos definitivamente, a la realidad cotidiana que se vive en muchas ciudades del país.
Miles de argentinos que se quedaron sin su trabajo estable se vieron obligados a ganarse el sustento por sus propios medios y de cualquier manera. Estas nuevas reglas de juego alentaron la proliferación de muchos nuevos oficios y ocupaciones; entre ellos, el de los "vendedores ambulantes".
Sin embargo, estos comerciantes informales poco tienen de ambulantes, ya que se establecen en determinados puntos de la ciudad con características de estabilidad. Se convierten entonces en una fuerte competencia para los comercios que funcionan en las inmediaciones ya que pueden ofrecer precios inferiores porque, entre muchos otros factores, sus gastos fijos son prácticamente nulos y para ellos no existe la presión impositiva. Y a la vuelta de los años, están incorporados al paisaje urbano. Ya no sorprende a los peatones el hecho de tener que circular esquivando las mesas, los cajones o las mantas sobre las que se exhibe la mercadería. Y resulta absolutamente normal que, al final de la jornada, se amontonen cajas, bolsas y otro tipo de residuos, producto de la actividad desplegada durante el día.
Las últimas fiestas de fin de año y de Reyes volvieron a potenciar el caos que casi diariamente provoca la presencia masiva de vendedores ambulantes en las calles del centro de la ciudad. La situación se agravó porque, a causa de la inseguridad imperante, muchos de los puesteros durmieron al lado de sus pertenencias por temor a los asaltos.
Los directivos de la Federación Económica de Tucumán protestaron ante las autoridades de la Municipalidad por lo que consideran una consecuencia de la falta de controles eficaces sobre la instalación de estos puestos callejeros de venta. La respuesta desde el Ejecutivo municipal importa la promesa de la realización de controles, que en algunos casos llegará a pedir la colaboración de la AFIP para tratar de determinar quiénes son los proveedores de los ambulantes. Algunos funcionarios sospechan que los mismos comerciantes son los que ponen su mercadería en las mesas de sus presuntos competidores.
No es la primera vez que una administración municipal intenta poner coto a la invasión de ambulantes por las calles del centro. Se intentó reubicarlos en locales contratados a tal efecto, limitar el número de vendedores por cuadra, reglamentar los horarios y las modalidades de la actividad. Ninguno de las formas mencionadas tuvo el efecto esperado, ya que periódicamente el problema vuelve a presentarse en toda su magnitud.
Nadie duda que el problema es complejo y que lo menos aconsejable es intentar el desalojo compulsivo. En este sentido ya se vivieron dramáticas experiencias en nuestra ciudad, y recientemente, se produjo un episodio similar en la capital de Mendoza.
Queda claro que se necesita una acción permanente de la Municipalidad para mantener a la actividad bajo control mediante inspecciones regulares. Los procedimientos puntuales que se efectúan sobre las jornadas de fin de año, cuando la cantidad de ambulantes desborda cualquier posibilidad de regulación, sólo sirven para poner de manifiesto la inacción que, precisamente, permite que la situación tome una envergadura inmanejable.

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