Una crítica muy rentable

Otro hito en la tortuosa relación entre Estados Unidos y la Argentina.

08 Enero 2004
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.-Seguramente que la reunión de Kirchner y Bush, el martes en Monterrey, no transcurrirá con el rumbo que el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, asumió al juzgar críticamente por "un giro a la izquierda" al gobierno argentino. Ese es, al menos, el criterio con que en nuestra Cancillería se observa la invitación del presidente norteamericano a su colega para tratar una variada agenda. La actitud de Noriega difícilmente sea causa de conflicto, y testimonia una vez más que la Casa Blanca se sigue manejando respecto a Kirchner con un doble mensaje, tanto o más sinuoso que el de la Casa Rosada cuando se define políticamente. Desde el punto de vista interno, las expresiones que dieron lugar a una rápida queja del canciller Rafael Bielsa, no dejan de ser un buen servicio a los intereses políticos de Kirchner, en otro momento en que la imagen de la administración Bush es bastante castigada por las encuestas locales, especialmente los sectores de la izquierda democrática y el nacionalismo, que admiran al Presidente como un líder de la autonomía regional con relación a Estados Unidos. "Nadie cita a la Argentina para retarla" dijo el jefe del gobierno en Villa Palito entre ovaciones, aprovechando una tribuna ocasional para encabezar las réplicas.

De Kirchner a Lula
En ese sentido, no son pocos ahora los que desean que el jefe del gobierno viaje a La Habana en febrero, de acuerdo con la invitación que Fidel Castro le hizo durante la visita de Bielsa a Cuba, y que todavía está por aceptar. Decir que la Argentina ha girado hacia la izquierda por algunas frases y gestos de Kirchner en Bolivia y Uruguay, y no considerar lo mismo a Brasil a pesar de que Lula se abrazó con el dictador cubano en La Habana y firmó algunos acuerdos, podría ser una gran contradicción, pero el Departamento de Estado considera que el gobierno brasileño es mucho más previsible que el nuestro. Claro está que Lula llegó al poder prácticamente plebiscitado y no necesita como Kirchner armar un respaldo político que las urnas estuvieron muy lejos de darle. Ambas circunstancias hacen de sus políticas exteriores realidades muy diferente que seguramente tendrá oportunidad de explicar el presidente argentino en su segundo encuentro con Bush.
Las críticas de Roger Noriega han sito tan oportunas para la estrategia kirchnerista en la política local, que no sólo el canciller Bielsa alzó la voz rápidamente por sentirse "agraviado", sino también el jefe del Gabinete y el ministro del Interior, Alberto y Aníbal Fernández, con tonos no menos elocuentes y de fuerte arrastre entre la sucesión de declaraciones que se están sucediendo aquí. El funcionario de Washington reivindicó así un viejo estilo que todavía se usa en la política hemisférica de EE.UU., aunque sin los resultados de antaño. (De nuestra Sucursal)

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