¡Despertad!
Magena Valentié
Por Magena Valentié 09 Marzo 2015
Se llamaba “¡Despertad!” Era una revista traducida al español con un mensaje que yo, en aquel tiempo, años ‘70, no lograba descifrar. Sólo me atraían los dibujos en colores. La tapa mostraba varias escenas como si ninguna de ellas alcanzara para representar el concepto: un hombre amenazando con golpear a una mujer, un niño pobre, una familia con un plato vacío, un hombre que cortaba los árboles de un bosque. ¿Qué tenían que ver esas cosas con el fin del mundo? Imaginé que esa publicación norteamericana de algún movimiento religioso exageraba al alertar sobre algo que nunca ocurriría aquí, un país atrasado y más bien pacífico.

Años más tarde, me empezaron a llamar la atención esos grupos minúsculos que hablaban sobre el equilibrio ecológico y llegaban a pintar un mundo con catástrofes naturales. ¡Bueno, no es para tanto! ¡Cuidemos el planeta, pero no sembremos el terror! Y varios pensaron así, por eso ellos siguieron gritando como voces en el desierto.

Después aprendimos la palabra tsunami ¡y hasta fuimos al cine a ver la película! Sí, son cosas que pasan allá, en el Japón. Como la nieve que paraliza Canadá o Nueva York. ¡Qué horror lo que se ve por la televisión! Por suerte vivimos en Tucumán, lejos del mar y del frío. ¡Un vergel, lleno de ríos y arroyos, y montañas ...! El Jardín de la República. Un jardín (ahora lo veo) que se inunda y que se seca con la misma intensidad y con igual resultado en pérdidas, destrozos y costos en dinero y hasta en vidas humanas. Sin embargo, cuando los periodistas preguntan a los responsables la clásica: “¿por qué no se previno esta situación?” Ellos responden siempre lo mismo: “¡imposible prever una tormenta (o sequía) de tal magnitud!” Quizás la pregunta debería haber sido ¿qué pasó con la obra de los canales, la de mantenimiento y la de gran envergadura? ¿Qué pasa con los desagües y las cloacas de la ciudad? ¿Hay suficientes alcantarillas en las ciudades? ¿O en el afán de pavimentar nos olvidamos de ese indispensable desagote? ¡Cómo cuesta hacer la obra que no se ve! ¡Y al mismo tiempo, cómo nos olvidamos de reclamarla! A nadie se le ocurre preguntarle al candidato:

1- ¿Qué va a hacer concretamente con la basura de Tucumán? 2- ¿Cómo planifica (esta palabra que no existe en el diccionario de los políticos porque cada idea se acomoda de acuerdo a las ventajas) el crecimiento de la ciudad? 3- ¿Cuál es su proyecto de inversión en la red cloacal y de agua potable? 4- ¿Cómo piensa mejorar los canales pluviales? 5- ¿Cómo va a garantizar que cada vez que se construya un barrio nuevo no empeoren los servicios de agua y cloaca para el resto de los vecinos? 6- ¿Dónde se va a reforestar? 7- ¿Cuándo van a empezar a multar a los enduristas que hieren el cerro por deporte? 8- ¿Cuál es su plan de control para que los ingenios y las citrícolas no sigan contaminando los arroyos? 9- ¿Cuándo se va a enseñar cuidado del medio ambiente en forma sistemática en todas las escuelas? 10- ¿Cuándo van a impedir y poner entre rejas a quien desmonte más de lo que nuestra salud ecológica puede resistir?

Según el titular de la Dirección Provincial del Agua, Juan Sirimaldi, el desmonte es la causa del 70% de las inundaciones de Tucumán. ¿Cómo podemos permitir que un señor (nada menos que un legislador oficialista) haya incurrido dos veces en 2012 en deforestaciones ilegales y encima, como una burla, se ofrezca a pagar la multa como si tal cosa (¿le convenía más que perder sus pingües ganancias?) Y como si eso fuera poco, se da el lujo de decir que tiene “todos los papeles en orden” (LA GACETA, 26/1/2013). Los delitos ambientales deberían ser declarados de “lesa humanidad”, sostiene el ingeniero Ricardo Robles.

Y vuelve a mi memoria la revista ¡Despertad! Ahora entiendo el dibujo de la tapa. En la televisión pasan las imágenes de la tormenta de Tucumán.

¡Todavía podemos hacer algo! 1- Escuchar esas voces que claman en el desierto. 2- Pensar qué puedo hacer yo. 3- Exigir más respuestas a los gobernantes que planes sociales. Porque de esta si ... O nos salvamos todos o no se salva nadie.

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