26, 33 o menos

Ejecutivo y Legislatura, primero lo institucional.

07 Enero 2004
El poder político, a veces, no reside en los números sino en la negociación. Vale para considerar la actual relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Después de la elección de junio y de conocerse la composición de la Cámara se habló de la tremenda influencia que tendría José Alperovich al contar con 26 parlamentarios oficialistas. Era una visión excesivamente positiva, ya que mantener unido a un bloque con tantos integrantes cuesta caro, máxime cuando la tentación por actuar en forma individual es grande. El gobernador fue todavía más extremista en su optimismo: "no son 26, son 33". Generó suspicacias e interrogantes sobre los que habrían saltado el cerco aun antes de asumir. Los 14 opositores se miraron con desconfianza. No veían entre sus pares a subyugados por las luces del poder naciente sino a personas que habían traicionado el principal precepto opositor: ser oposición.
Más que poder político para el gobernador, lo que revelaron los números de los comicios fue el gran poder institucional que tendrían los que se harían cargo de la nueva administración. Se hizo evidente en los primeros meses de gestión. Sin embargo, la Legislatura, hegemonizada por el oficialismo, no se comportó siempre como un mero brazo ejecutor de las directivas del PE. Cuestionó decretos de necesidad y urgencia, modificó iniciativas surgidas en la Casa de Gobierno o bien postergó el tratamiento de temas propuestos por el PE. Manejó sus tiempos tratando de demostrar que tiene agenda propia.
Lo último que hizo, y sin consultar a miembros del gabinete, fue prorrogar por seis meses el Pacto Social a los municipios. Los hombres del interior de la Cámara hicieron prevalecer su interés comarcano antes que la supuesta lealtad al oficialismo. Un elemento significativo que indica que hay temas donde lo político está por sobre lo institucional.
Aquí hay que detenerse. La pregunta es obvia, pero de rigor, ¿hasta cuándo lo institucional prevalecerá sobre los intereses políticos? Si es cierto lo que pregonaron todos, en cuanto a que esta Cámara sería distinta de las anteriores, a 2007 debería llegar la misma cantidad de bloques actuales (12). Los antecedentes de estos nuevos parlamentarios no abonan esa posibilidad. Cabe recordar que fueron electos por cuatro lemas y al asumir, se dispersaron.

La mira en el oficialismo
En la diáspora, la oposición hizo lo suyo; más división no se le puede pedir. La atención ahora debe centrarse en el bloque oficialista, que subsiste en situación de equilibrio inestable. Por ahora, pese a los insistentes rumores de ruptura, sigue monolítico. En mucho se debe al vicegobernador Fernando Juri, que hace malabares para evitar despegues. "Hay diferencias porque son 26; vamos a vivir con este clima", admite. Sin embargo, confía en que lo mantendrá unido.
Como lo está consiguiendo, no sin esfuerzo, Alperovich tiene en Juri al interlocutor clave para garantizar una buena relación institucional y política con la Legislatura. Así se entiende la frase que siempre usa cuando debe aludir a temas que requieren de la participación legislativa: "está conversado con el vicegobernador". De esta forma sugiere una estrecha comunicación con el otro poder, aunque ya se vio que este suele cogobernar en los hechos a partir de algunas decisiones inconsultas, como la postergación del Pacto Social para garantizar recursos a los intendentes del interior.
El protagonismo en esta nueva historia institucional parece compartirse entre el PE y la Cámara, aunque Alperovich gane materia de imagen pública. En todo caso, si el bloque del PJ se mantiene unido, el beneficio institucional será para Alperovich, pero los réditos políticos serán para Juri. Pero es difícil que la tropa no se disperse, ya que siempre aparecen los intereses políticos particulares o de grupos.

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