Para que un hecho llegue a conocimiento de la ciudadanía es necesario que se lo difunda por los carriles adecuados, por ejemplo, los medios de comunicación. La producción científica necesita también de publicaciones especializadas y el arte de la industria que promueve su divulgación. La sociedad está generando permanentemente información que al mismo tiempo consume porque desea saber qué es lo que acontece en su seno, es una de las razones por la cual existe la prensa.
Para hacer conocer su obra los escritores necesitan de las editoriales que se ocupan de la edición y en la mayoría de los casos de la distribución. A diferencia de lo que sucede en la mayoría de las naciones desarrolladas, donde una editorial o una compañía discográfica les pagan a los escritores o músicos por adelantado las futuras regalías, en nuestro país -incluyendo Tucumán- son estos los que generalmente deben costear sus obras de su propio bolsillo. Una vez concretada la edición, enfrentan el serio problema de la distribución. Son diversas además las exigencias comerciales para poder vender el producto y la recuperación del dinero invertido es una utopía.
En nuestro país, la labor del escritor ha sido, en general, menospreciada por las editoriales de Buenos Aires, especialmente si estos son del interior del país. A un libro sólo le da vida un lector y si ese acto no se realiza, no cumple con su cometido. Si en su propia ciudad o provincia un escritor tiene grandes dificultades para divulgar su trabajo, hacerlo en el resto del territorio nacional es una tarea casi imposible.
Algo similar led sucede a los músicos aunque estos cuentan con el recurso de que pueden vender sus discos en los recitales. Es poco frecuente, por ejemplo, que los tucumanos se interesen por adquirir los productos artísticos de sus comprovincianos, como si hubiese una desvalorización de lo propio. Son capaces de gastar dinero en aquellos foráneos que vienen promocionados, que en los locales. Si la producción literaria de Tucumán no se estudia en los ciclos educativos, y su enseñanza queda, por lo general, librada a la inquietud personal de algunos docentes, difícilmente se pueda valorar a estos hacedores de cultura que aportan a la identidad de la sociedad.
Por esa razón, el apoyo del Estado es muy importante en la publicación y divulgación de la obra de los hacedores de cultura. Por ejemplo, la Provincia cuenta con una valiosa herramienta como el Fondo Editorial del Aconquija, creado por la ley N° 7.694 en diciembre de 2005, cuyo objetivo es financiar la edición, reedición, difusión y comercialización de obras de escritores tucumanos y de la región del NOA. Han transcurrido casi nueve años de la promulgación de la ley sin que el Poder Ejecutivo la haya reglamentado.
Sería importante si la próxima gestión de gobierno se ocupara de estos asuntos y diseñara una política conjunta con el Ministerio de Educación para que la obra de los autores tucumanos llegara a las escuelas y colegios, o creara un organismo que se ocupara de la divulgación en el país de los trabajos de los artistas tucumanos (literatura, artes plásticas, música, etcétera). Se podría involucrar también en esta iniciativa al Ente de Turismo y al Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP). Tucumán no es solo sinónimo de azúcar o de limón, sino también de cultura. Justamente, su prestigio nacional e internacional se lo debe a sus artistas y a sus científicos.
Para hacer conocer su obra los escritores necesitan de las editoriales que se ocupan de la edición y en la mayoría de los casos de la distribución. A diferencia de lo que sucede en la mayoría de las naciones desarrolladas, donde una editorial o una compañía discográfica les pagan a los escritores o músicos por adelantado las futuras regalías, en nuestro país -incluyendo Tucumán- son estos los que generalmente deben costear sus obras de su propio bolsillo. Una vez concretada la edición, enfrentan el serio problema de la distribución. Son diversas además las exigencias comerciales para poder vender el producto y la recuperación del dinero invertido es una utopía.
En nuestro país, la labor del escritor ha sido, en general, menospreciada por las editoriales de Buenos Aires, especialmente si estos son del interior del país. A un libro sólo le da vida un lector y si ese acto no se realiza, no cumple con su cometido. Si en su propia ciudad o provincia un escritor tiene grandes dificultades para divulgar su trabajo, hacerlo en el resto del territorio nacional es una tarea casi imposible.
Algo similar led sucede a los músicos aunque estos cuentan con el recurso de que pueden vender sus discos en los recitales. Es poco frecuente, por ejemplo, que los tucumanos se interesen por adquirir los productos artísticos de sus comprovincianos, como si hubiese una desvalorización de lo propio. Son capaces de gastar dinero en aquellos foráneos que vienen promocionados, que en los locales. Si la producción literaria de Tucumán no se estudia en los ciclos educativos, y su enseñanza queda, por lo general, librada a la inquietud personal de algunos docentes, difícilmente se pueda valorar a estos hacedores de cultura que aportan a la identidad de la sociedad.
Por esa razón, el apoyo del Estado es muy importante en la publicación y divulgación de la obra de los hacedores de cultura. Por ejemplo, la Provincia cuenta con una valiosa herramienta como el Fondo Editorial del Aconquija, creado por la ley N° 7.694 en diciembre de 2005, cuyo objetivo es financiar la edición, reedición, difusión y comercialización de obras de escritores tucumanos y de la región del NOA. Han transcurrido casi nueve años de la promulgación de la ley sin que el Poder Ejecutivo la haya reglamentado.
Sería importante si la próxima gestión de gobierno se ocupara de estos asuntos y diseñara una política conjunta con el Ministerio de Educación para que la obra de los autores tucumanos llegara a las escuelas y colegios, o creara un organismo que se ocupara de la divulgación en el país de los trabajos de los artistas tucumanos (literatura, artes plásticas, música, etcétera). Se podría involucrar también en esta iniciativa al Ente de Turismo y al Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP). Tucumán no es solo sinónimo de azúcar o de limón, sino también de cultura. Justamente, su prestigio nacional e internacional se lo debe a sus artistas y a sus científicos.
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