Se aprende todos los días

Por Fátima Ovejero, madre de Daniel

23 Enero 2015
Me tocó vivir algo que no se lo deseo a ninguna madre. Me costó mucho aceptar que algo tan doloroso le estuviera pasando a mi hijo. Era algo que no podía ser. Mucho sufrimiento en ese momento. El tiempo te va haciendo aprender a aceptar las cosas, y que Daniel sigue siendo Daniel, pero con otra realidad. Todos los días aprendemos cosas nuevas, y todo lo que él lo hace, lo logra con mucho esfuerzo. A veces lo vemos triste, algo que no queremos. Lo que sucede es que uno tiende a pensar que es una silla de ruedas solamente, pero es mucho más que eso. Todos los días vamos aprendiendo juntos y aceptando todo esto un poquito más.

La clínica era una multitud cuando estaba internado. Él no pudo ver la magnitud de lo que fue la sala de espera. Me di cuenta de que era muy querido. No con cualquier persona pasa eso. Estuvieron los amigos y aquellos a los que sólo conocía. Muchísima gente se acercó a verlo y rezó por él. Nunca nos dejaron solos. El médico no podía creer la cantidad de gente que fue a verlo apenas terminó la operación, después de las 2 de la mañana. Y eso, dentro del dolor que estábamos sintiendo, nos sorprendió y nos reconfortó mucho.

Hoy pienso lo que hemos vivido y me cuesta entender cómo fue que logramos sobrellevar semejante golpe. Ahora es distinto: él está muy bien, trabajando de nuevo, entrenando al equipo y proyectando su casamiento. Es una vida completamente nueva.

Fue fundamental el apoyo de su familia, de sus amigos y de su novia. Todos encima de él, viendo qué necesita. Reconozco que a veces nos pasamos un poco y lo terminamos ahogando. Lo curioso es que el hermano más chico, Nicolás, es el que lo trata con mayor madurez. Para él es un hermano más, como cualquiera de los otros. Si Daniel necesita algo que él mismo puede hacer, lo deja que lo haga solo.

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