Aprovechá el verano para cultivar el saludable hábito de comer ensaladas

La homeópata y naturista tucumana Graciela Varela asegura que la comida cruda o “viva” es la más adecuada para la dieta humana. “Si incorporamos alimentos vivos a nuestro organismo, tendremos cada vez más vitalidad y salud”, asegura. Las proteínas vegetales.

19 Ene 2015 Por Mirta Isabel Lazzaroni
Las temperaturas del verano son una invitación a comer ensaladas. El cuerpo mismo pide algo fresco y que, además, hidrate. Entonces, ¿por qué no probar por unas semanas los beneficios de la comida cruda? En esta época fácilmente se puede reemplazar el té o el café con leche de las mañanas por un licuado de frutas. Entonces, tal vez valga la pena escuchar a quienes ponderan la alimentación cruda o viva y hacer la prueba.

Entre los referentes del crudismo se encuentra la doctora Graciela Varela, homeópata y especialista en alimentación consciente. Ella afirma que los alimentos crudos o vivos son lo más adecuado para el ser humano, ya que nuestro cuerpo está preparado para digerir y asimilar el alimento crudo, tal como la naturaleza nos lo dio. “La comida viva mantiene todos sus nutrientes intactos: proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales, oligoelementos y enzimas, así como la energía fotónica del sol almacenada en su estructura”, explica.

“Si nuestra dieta se basa en alimentos vivos, tendremos cada vez más vitalidad y salud, el efecto es directamente proporcional. Si, por el contrario, nuestra dieta se basa en alimentos desvitalizados, aun del reino vegetal, cabe esperar una progresiva falta de energía, y mayor propensión a enfermedades”, explica esta médica que pone en práctica lo que proclama.

Queda claro, según las observaciones de la doctora Varela, que la cocción de los alimentos destruye los nutrientes originales. Sin embargo, la humanidad desde hace siglos viene alimentándose con productos cocidos. ¿Qué es lo que ha cambiado para que ahora se haya puesto tan en boga la alimentación viva. Ella lo explica de esta manera: “Este tema no era de gran preocupación en generaciones pasadas, ya que nuestros ancestros tenían una fuerza constitutiva mayor, porque no estaban expuestos a la excesiva contaminación de hoy en día, realizaban actividad física y los alimentos a los que accedían eran mucho más naturales. En el mundo de hoy, la mayoría de la gente tiene el cuerpo operando bajo una carga tóxica de microorganismos patógenos, de plásticos, de metales pesados, de antibióticos, de hormonas, de aditivos y de pesticidas que generan desde disfunciones leves, hasta patologías autoinmunes, endocrinas, cardiovasculares, reumatológicas, neurológicas y cáncer”.

Las proteínas

Cuando se piensa en comer ensaladas, la primera pregunta que suele aparecer es: ¿de dónde obtengo las proteínas? La doctora Varela afirma que esa duda surge de la creencia de que proteína es igual a carne. Pero ocurre que también hay proteínas vegetales que no son tan conocidas y que, según la especialista, son de más fácil absorción en el organismo. Estas proteínas se encuentran, por ejemplo, en las verduras de hojas verdes, en semillas como la chía, en leches vegetales como la de almendras, y las algas marinas, entre otros.

La médica advierte que estamos en una constante revisión de nuestras creencias sobre la alimentación. “Durante alrededor de cuarenta años nos basamos en la obsoleta Pirámide Nutricional, recomendando consumir un 55- 60% de carbohidratos del total de calorías diarias, 15-20% de proteínas y 20-25% de grasas pudiendo comprobar hoy que, no sólo no fue efectiva, sino que las patologías que se quisieron prevenir han aumentado significativamente, y en edades más precoces”, advierte.

¿Qué hacemos, entonces? La respuesta es sencilla: hacer lo que requiere nuestra naturaleza. “A través de un aprendizaje que implica ‘desaprender’ muchos conceptos erróneos, lograremos conectarnos con nuestro cuerpo y sus reales necesidades, y podremos disfrutar de un nivel de salud y energía óptimo. Basta seguir principios básicos, lógicos y coherentes que resisten cualquier teoría de moda, ya que es el cuerpo quien tiene la última palabra, y nos va a hablar en su lenguaje: con sensaciones de bienestar o malestar”, subraya la doctora Varela. No obstante, aclara que si alguien quiere emprender el camino hacia el crudismo, debería hacerlo de la mano de un profesional idóneo que lo acompañe en el proceso.

Beneficios

Entre los beneficios de la alimentación viva figuran, si se acompaña con actividad física apropiada, lograr estabilizarse en el peso adecuado sin estar sometido a dietas hipocalóricas. “Simplemente, el cuerpo obtiene lo que necesita, y no se puede comer de más porque esta comida no es adictiva, y al equilibrar el sistema nervioso y endocrino, podemos captar fácilmente las señales de hambre real y de saciedad. Con la alimentación moderna, estas señales están debilitadas por la actitud compulsiva de comer en exceso alimentos que interfieren con la transmisión neuroendocrina y que generan adicción”, dice Varela. Además, es una “dieta antienvejecimiento, ya que evita la formación de radicales libres y posee una elevada cantidad de antioxidantes.

Claro que tal vez lo más importante es que se pueden curar algunas enfermedades. La doctora afirma que se pueden sanar enfermedades crónicas y en otros casos, si el daño anatómico es ya extenso, se puede mejorar el estado de salud. “Recomiendo leer a una autoridad en el tema. El doctor Gabriel Cousens, autor de ‘Hay una cura para la diabetes’. Mi camino de aprendizaje me llevó a estar personalmente con Cousens, director del centro Tree of Life en Arizona, y con Lalita Salas, codirectora del Instituto Ann Wigmore de Puerto Rico, dos de los principales referentes en el tema, y personalmente sigo sus pautas para la alimentación viva en todas las etapas de la vida, y acompaño a muchos pacientes para realizarla”, destaca.

Al despedirse, Graciela Varela destaca que esto de sanar enfermedades por medio de una alimentación adecuada no es una cuestión nueva. “Hipócrates, el padre de la medicina, que vivió entre el 460 y el 357 antes de Cristo, decía la siguiente frase: ‘Quien no conoce los alimentos, ¿cómo puede comprender las enfermedades de los hombres?”.

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