Preocupa el aumento de intentos de linchamiento

LA  GACETA
Por LA GACETA 16 Enero 2015
Es una expresión de la violencia que se remonta a los tiempos más antiguos, cuando imperaba la Ley del Talión. El aquel terrible “ojo por ojo” ha resucitado en nuestra sociedad, como consecuencia de la inseguridad, de la impotencia ante el incremento de la ola delictiva. Los primeros episodios se registraron a fines de marzo pasado y desde entonces los intentos de linchamiento a los delincuentes han comenzado a proliferar.

Algunos títulos recientes en nuestras páginas de la Sección Policiales reflejan una mayor frecuencia en las acciones ciudadanas de querer hacer justicia por mano propia. “Asesinó a un hombre para robarle y los vecinos de la víctima lo lincharon a golpes... César Jiménez salió en auxilio de su hermano, que estaba siendo víctima de un asalto, y uno de los ladrones le disparó en la cabeza. Indignados, los allegados al dueño de casa alcanzaron a uno de los delincuentes y le pegaron hasta dejarlo moribundo” (12/1).

“Mataron a un menor de una puñalada en el pecho, al norte de la capital... El crimen ocurrió en Francisco de Aguirre al 2.600, anoche. Quisieron linchar al asesino... Antes de que llegaran los agentes de la comisaría 14°, los familiares de la víctima -que residía en la zona- fueron hasta el domicilio del agresor, un mayor de edad, quien se había ocultado en su vivienda. Lo atraparon y le dieron una golpiza. La llegada de los agentes evitó un desenlace fatal, aunque tuvo que ser internado en el hospital Padilla” (2/1).

“Robó una moto, lo atraparon y casi lo linchan... Ocurrió en Ranchillos. Personas que pasaban por el lugar redujeron al delincuente y le dieron una paliza hasta que llegó la Policía y lo aprehendió (6/12/14)

Estos intentos de linchamientos están reflejando un hondo malestar social. Como señalamos en alguna otra oportunidad, es real el estado de inseguridad y de indefensión que vive la ciudadanía, pero de ninguna manera puede justificarse este regreso a la Ley del Talión o de hacer justicia por mano propia. No sin argumentos se ha cuestionado la labor de la Justicia y de la Policía, así como la complicidad del poder político, pero valerse de furia colectiva y de la sed de venganza para matar a un ladrón, significa cometer un asesinato. Tenemos instituciones donde resolver los conflictos, de manera que más allá del hartazgo que pueda experimentarla ciudadanía por falta de respuestas a sus reclamos de mayor protección, no se puede avasallar la ley porque se corre el riesgo de caer en la anarquía.

Las causas del deterioro social y de la delincuencia en una comunidad son diversas y complejas, pero básicamente están relacionadas con la falta de educación, la inequidad, la desocupación, la marginalidad, el consumo de sustancias ilegales. La ciudadanía espera que tanto la Policía y la Justicia actúen con la celeridad necesaria y ve con indignación cómo una buena parte de los delincuentes son liberados a las pocas horas de su detención.

Nuestros gobernantes deben plantearse acciones concretas para evitar que esta realidad se salga de cauce. Mientras no haya una política de Estado integral que incluye educación, salud, seguridad, deporte, trabajo, cultura, difícilmente se logre combatir con efectividad la violencia que se ha instalado hace tiempo en la sociedad.

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