Brindis de fin de año

Pedidos distintos con las copas en alto.

02 Enero 2004
Por Fabio Ariel Ladetto

Los legisladores apuraron el martes el asado de despedida del año, tras las cinco horas de sesión y el tratamiento meteórico de casi 70 temas. Levantaron las copas para augurar un buen 2004 y para despedir 2003 con un dejo de nostalgia. No era para menos: a fin de cuentas, fue el año que los consagró en las bancas, gracias a la misma Ley de Lemas que prometieron derogar y sobre la cual ya nadie habla. Esta norma, madre de la polémica electoral, no integra la lista de lo urgente.
En el brindis de la noche siguiente, el gobernador José Alperovich debe haber deseado una relación más fluida con el oficialismo legislativo, del que nunca sabe exactamente qué esperar. Y viceversa. El esfuerzo por salir sonrientes en las fotos cada vez que se produce una esporádica reunión se multiplica por la falta de interlocutores de la Casa de Gobierno con el bloque. Esta situación hace que cada parte se entere por la prensa de lo que piensa y decide la otra.
A la misma hora, con un poco de agua mineral en el vaso, un convaleciente Fernando Juri (sin piedras en la vesícula) pensaba en su pasado y proyectaba su futuro como conductor del sector de poder institucional más importante del peronismo tradicional. Sabe que mantener la unión de la bancada será una tarea ardua, en especial cuando las diferencias de criterio comienzan a manifestarse públicamente, como ocurrió al tratar la capitalización de la Caja Popular de Ahorros (conseguida por el prestigio personal de su interventor, Juan Carlos Veiga). La disciplina prevaleció sobre la disidencia, pero no puede calcular cuánto tiempo más durará esta regla.
El vicegobernador sabe dos cosas. Una división en las filas es un debilitamiento del grupo y un signo de interrogación a futuro, porque la primera fractura siempre es la más difícil y nunca es la única. Al mismo tiempo, transparenta la situación y descomprime relaciones puertas adentro.
En su despedida del año, los legisladores cumplieron con todos. Le dieron al PE las leyes que pedía (adecuadas a sus intereses de grupo o personales), discutieron por el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) y alabaron al pasar a los nuevos tucumanos ilustres.
Así, habrá más control del proyectado originalmente en las emergencias habitacional y sanitaria, pero el Gobierno las tiene. No hay intervención a la comuna de Santa Rosa de Leales y Laguna Blanca, pero Alperovich podrá designar a José León como su conductor hasta que la Justicia resuelva los planteos por la elección de comisionado de mediados de año. El PE podrá renegociar por todo este año los contratos de servicios públicos, con un cercano seguimiento y supervisión parlamentaria.
Al debatir sobre el CAM, las acusaciones primaron por sobre las ideas. Raúl Hadla aprovechó para cuestionar al Colegio de Abogados; los republicanos plantearon la incoherencia de Edmundo Jiménez, quien impulsó la entidad asesora cuando era segundo del entonces ministro José Ricardo Falú y que ahora lo derogó; y Marta Zurita recordó que los bussistas que se rasgan las vestiduras por el CAM no quisieron incorporarlo en la Constitución provincial de 1990.
En el medio de la sesión, casi inadvertidamente, en 10 minutos se aprobó una treintena de resoluciones y declaraciones, algunas de las cuales destacaron los logros de los estudiantes Pamela Katz, Tattiana Quiroga, Lucas Fernández Dáttoli, Laura Fernández Dáttoli y José Nieva Toppa, y de la escuela Raúl Colombres (en distintos certámenes); del reconocido folclorista Juan Quintero y de la doctora María Noble Iramain, quien debió esperar 15 años para tener su merecida medalla de oro como mejor egresada en Medicina. Ellos son la muestra de que hay quienes construyen un Tucumán distinto.

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