Ante el año que comienza

31 Diciembre 2003
Hoy concluye el año 2003. Si lo consideramos desde el punto de vista del calendario, esos 365 días son sólo un espacio vacío, que debe ser llenado por las acciones humanas. Es la labor del hombre, intelectual y física, la que da contenido real a los tiempos de la historia. En el caso del lapso que acaba de finalizar, los encargados de darle contenido, de llenarlo de realizaciones, de propuestas idóneas y coherentes, son los que continúan en deuda con la población.
Si miramos el panorama mundial, hay que convenir que han continuado produciéndose desajustes profundos en los resortes básicos de la sociedad. La realidad belicista y el rechazo de las normas de convivencia se han manifestado con exceso, cobrando una estremecedora cuota de víctimas. La actividad terrorista, el asalto y el crimen demencial, así como las tremendas realidades de hambre y desamparo, han ocupado largamente la atención del hombre de nuestro tiempo, llevándole una inquietante duda acerca de su capacidad para vivir en paz.
En el específico caso de Tucumán, hemos asistido a la permanencia de una serie de inquietantes problemas, en rubros que resultan de básico interés para toda comunidad civilizada. La desnutrición ha continuado cobrando víctimas en nuestros menores, a la vez que quedaba patente la hondura de una cuestión que no es sólo alimentaria sino cultural. El sector de la salud siguió mostrando su insuficiencia y su precariedad, mientras el educativo continuó envuelto en conflictos cuya solución siempre parece distante. La seguridad distó de haber sido la que tienen derecho a esperar los ciudadanos y las familias de una provincia, a esta altura de la historia. No amenguó el descreimiento de la población respecto de la tarea de su clase gobernante y, sobre finales del año, se produjo lo que se interpreta como un inexplicable avance del poder político sobre el modo de designación de los magistrados judiciales. A lo largo de su evolución histórica, no puede decirse que nuestra provincia no haya sido capaz de superar épocas penosas y de convertir circunstancias adversas en positivas. Es lo que cabe esperar del año que habrá de iniciarse a partir de esta medianoche. Concluyen hoy doce meses difíciles. De nosotros dependerá cómo sean los que se desarrollen en adelante.
Esa tarea, mucho depende también, de quienes nos gobiernan. La administración de Tucumán se halla a cargo de un nuevo equipo desde hace dos meses, y la ciudadanía alienta la esperanza de que los propósitos que ha proclamado puedan realizarse en plenitud. Espera que abarquen el amplio arco de los problemas de la provincia, la mayoría de los cuales tiene carácter de crónicos. Se requerirá, para afrontarlos, tanto el esfuerzo como la imaginación, y todo ello rodeado de la máxima transparencia, a fin de que la población crea en sus instituciones y contribuya a cimentarlas.
Pero, si la tarea de los gobiernos reviste decisiva importancia y significación, nunca debe olvidarse que el pueblo debe jugar un rol de idéntica trascendencia, en la tarea de construir un futuro mejor y una sociedad más justa para todos. En efecto, es en la suma de las pequeñas acciones cotidianas donde también se definen el presente y el futuro de una sociedad. Con el egoísmo que nos impida ver más allá de nuestro pequeño ámbito, con la actitud de esperarlo todo del Estado y con la indiferencia respecto de la ley, ninguna comunidad puede edificar nada, por excelentes y trabajadores que pudieran ser quienes la conduzcan. Así, la construcción de un año 2004 venturoso es una tarea común, a la que nadie puede sentirse ajeno. En eso debiéramos meditar esta noche, cuando demos la bienvenida a una nueva etapa.

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