Se va sólo un número

Lo social seguirá siendo prioridad en 2004.

31 Diciembre 2003
El año 2003 empezó con un gobierno al que le faltaba poco para irse y termina con otro que hace poco tiempo llegó. ¿Cambió algo en estos doce meses? Por más que se empeñe en mostrar que no es más de lo mismo, el gobernador José Alperovich no atacó aún los males estructurales de la Provincia, aquellos que convierten a Tucumán en ejemplo del drama social. Por ahora hace todo lo posible para desembarazarse del estigma de ser un producto del gobierno anterior. Como dice una canción con la que se hacen chanzas, el mandatario intenta demostrar que no es lo mismo el alperovichismo nacido del mirandismo que el mirandismo que parió al alperovichismo.Es que no es bueno presentarse ante el presidente Néstor Kirchner con la chapa de mirandista. Pese a todo, el gobernador mantiene líneas subterráneas tendidas con su antecesor. Sólo por una cuestión de imagen prefiere no verse en público con Julio Miranda, un hombre al que recurrirá cuando "el mirandismo residual" le ponga trabas a su gestión. Hoy reduce a zumbidos de moscas las críticas, aunque está pendiente de los decibeles. Para silenciar los posibles ruidos molestos acudirá a Miranda, al fin y al cabo su mentor, sostenedor y paraguas protector. 2004 no parece ser el año de la ruptura de esa sociedad.
El año 2003 comenzó tremendamente politizado y con liderazgos por resolverse, tanto a nivel nacional como provincial. El año que viene se inicia con un tablero definido y con exigencias diferentes. La transversalidad generó pactos de dirigentes y duplas políticas. El binomio más famoso es el de Kirchner y Eduardo Duhalde, uno en el gobierno, el otro desde el poder. Por ahora, 2004 no parece ser el año de la ruptura de esta otra sociedad, aunque sí el del posible distanciamiento. El peronismo no tolera dos cabezas.
Hace un año, la sociedad pedía cambios, exigía nuevos aires y demandaba respuestas sociales urgentes para acallar a una fuerza social nacida desde la desocupación. Los piqueteros fueron protagonistas, aquí y allá. Fueron la demanda social en 2003 y en 2004 sintetizarán el problema más serio que enfrentarán los gobiernos.
La política para tranquilizarlos sigue siendo la del bolsón. Es la única herramienta eficaz en el país, al igual que la de los planes laborales, que han ayudado a reducir los índices de desocupación. ¿Una ironía? Si el Gobierno pudiera entregar 6 millones de planes de trabajo, a $ 150 -casi $ 900 millones- desaparecería la desocupación en el país porque el índice sería cero. ¡Estaríamos encima del Primer Mundo! Otro invento argentino: el parche social.
En el año que empieza mañana las urnas estarán ausentes: será un año tranquilo. Por lo tanto, se supone que los gobernantes estarán completamente dedicados a pergeñar soluciones a la crisis social. Se supone.
Sin embargo, una preocupación segura de los inquilinos del poder pasará por analizar los efectos de la transversalidad y por ir preparando las sociedades para el 2005. Así es: el político con ambiciones que no piensa a largo plazo, pierde.
Pero, cuidado; es posible que en Tucumán haya elecciones de convencionales constituyentes para reformar la Carta Magna de 1990. Si se convoca habrá que detenerse en los efectos políticos más que en los institucionales. Todos los comicios implican una lucha en los partidos para dirimir liderazgos y espacios de poder, y una prueba de fuego para los oficialismos de turno, ya que siempre hay un condimento de evaluación de gestión en toda votación. ¿Se repartirán bolsones? Seguramente, pero ya demostraron que no suelen ser eficaces. En junio sirvieron, en octubre no. Algo pasó entonces. La gente pensó o bien el peronismo no acompañó.En suma, los problemas no se irán con 2003. No quedarán atrás. Mañana dirán presente, después de los brindis. Así que, autoridades y ciudadanos, a trabajar, y más si es posible.

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