La violencia suele ser el reflejo del malestar de la sociedad y debería, por lo menos aflojar, en festividades tan nobles, como la Nochebuena y la Navidad, que proponen un espacio de encuentro, diálogo, fraternidad, perdón, y en el caso de los católicos, de espiritualidad. Pero no es menos cierto que estas celebraciones se convierten en muchos casos en motivo de un consumo desmedido y de excesos gastronómicos y alcohólicos que producen desbordes emocionales y derivan en agresiones.
El comienzo de la pasada Navidad fue uno de los más violentos que se registraron en los últimos años. Una mujer quemó a su pareja, que la había golpeado, lo roció con querosén y le provocó quemaduras en el 50% del cuerpo. Un joven resultó apuñalado cuando se resistió a que le robaran el celular y las zapatillas. Un hombre reclamó porque la pirotecnia que usaban unos vecinos activaba la alarma de su camioneta; luego de discutir sacó un machete e hirió a dos de ellos, de 18 y 16 años. En represalia, los familiares de los heridos quemaron el vehículo. Un vecino fue alcanzado por una bala perdida en Banda del Río Salí. Una fiesta en el barrio Presidente Perón terminó con el enfrentamiento entre jóvenes, que se arrojaron piedras y botellas. En Yerba Buena, la vivienda del destacado artista plástico, Roberto Koch, fue blanco de una pedrea por parte de inadaptados.
Entre las comunicaciones efectuadas el 24 de diciembre que se recibieron en el servicio de emergencia 911, se contabilizaron 80 por violencia de género (mujeres que estaban siendo golpeadas por sus parejas), 72 llamadas por la presencia de sospechosos en la vía pública, 61 por consumo de bebidas alcohólicas en la calle, 28 emergencias médicas por descompensaciones, muchas de ellas de personas en estado de ebriedad, 37 accidentes de tránsito y dos usurpaciones de propiedades. Entre la 0 y las 24 del 25 de diciembre, se produjeron 5.364 llamadas de los vecinos.
El jefe de Emergencias del Hospital Centro de Salud dijo que tuvieron que declarar “código rojo” en la guardia por la cantidad de heridos, en su mayoría de arma blanca; los dos quirófanos no dieron abasto. El jefe de Emergentología señaló que registraron 46 accidentes de tránsito, entre la 0 y las 8, la mayoría protagonizados por motos. Indicó que las cifras más preocupantes fueron las registradas por heridas con armas blancas o quemaduras, pero no por uso de pirotecnia, sino por la ingesta de alcohol.
La fiscala de turno informó que las guardias de los hospitales no dieron abasto. “El teléfono de la fiscalía no paró de sonar en todo el día dando cuenta de los hechos que sucedían. Ha sido una jornada muy violenta, con muchos heridos de armas de fuego y arma blanca”, dijo.
Es difícil controlar o impedir los excesos, si no es a través de sostenidas e intensas campañas de concientización que deberían iniciarse, por lo menos, a comienzos de diciembre. Se deberían prever también patrullajes durante la madrugada, a partir de las 3, horario en que la gente suele regresar a su casa y no se visualiza ningún tipo de vigilancia en las calles de la ciudad. Evidentemente no alcanza con los operativos de control de alcoholemia. Aún resta la Fiesta de Año Nuevo. Las autoridades deberían pensar en algo diferente para que disminuyan los episodios violentos o aquellos que de algún modo pudieran prevenirse. La ciudadanía también debería reaccionar. Los excesos son siempre una mala compañía y suelen despertar la violencia, el dolor y la muerte.
El comienzo de la pasada Navidad fue uno de los más violentos que se registraron en los últimos años. Una mujer quemó a su pareja, que la había golpeado, lo roció con querosén y le provocó quemaduras en el 50% del cuerpo. Un joven resultó apuñalado cuando se resistió a que le robaran el celular y las zapatillas. Un hombre reclamó porque la pirotecnia que usaban unos vecinos activaba la alarma de su camioneta; luego de discutir sacó un machete e hirió a dos de ellos, de 18 y 16 años. En represalia, los familiares de los heridos quemaron el vehículo. Un vecino fue alcanzado por una bala perdida en Banda del Río Salí. Una fiesta en el barrio Presidente Perón terminó con el enfrentamiento entre jóvenes, que se arrojaron piedras y botellas. En Yerba Buena, la vivienda del destacado artista plástico, Roberto Koch, fue blanco de una pedrea por parte de inadaptados.
Entre las comunicaciones efectuadas el 24 de diciembre que se recibieron en el servicio de emergencia 911, se contabilizaron 80 por violencia de género (mujeres que estaban siendo golpeadas por sus parejas), 72 llamadas por la presencia de sospechosos en la vía pública, 61 por consumo de bebidas alcohólicas en la calle, 28 emergencias médicas por descompensaciones, muchas de ellas de personas en estado de ebriedad, 37 accidentes de tránsito y dos usurpaciones de propiedades. Entre la 0 y las 24 del 25 de diciembre, se produjeron 5.364 llamadas de los vecinos.
El jefe de Emergencias del Hospital Centro de Salud dijo que tuvieron que declarar “código rojo” en la guardia por la cantidad de heridos, en su mayoría de arma blanca; los dos quirófanos no dieron abasto. El jefe de Emergentología señaló que registraron 46 accidentes de tránsito, entre la 0 y las 8, la mayoría protagonizados por motos. Indicó que las cifras más preocupantes fueron las registradas por heridas con armas blancas o quemaduras, pero no por uso de pirotecnia, sino por la ingesta de alcohol.
La fiscala de turno informó que las guardias de los hospitales no dieron abasto. “El teléfono de la fiscalía no paró de sonar en todo el día dando cuenta de los hechos que sucedían. Ha sido una jornada muy violenta, con muchos heridos de armas de fuego y arma blanca”, dijo.
Es difícil controlar o impedir los excesos, si no es a través de sostenidas e intensas campañas de concientización que deberían iniciarse, por lo menos, a comienzos de diciembre. Se deberían prever también patrullajes durante la madrugada, a partir de las 3, horario en que la gente suele regresar a su casa y no se visualiza ningún tipo de vigilancia en las calles de la ciudad. Evidentemente no alcanza con los operativos de control de alcoholemia. Aún resta la Fiesta de Año Nuevo. Las autoridades deberían pensar en algo diferente para que disminuyan los episodios violentos o aquellos que de algún modo pudieran prevenirse. La ciudadanía también debería reaccionar. Los excesos son siempre una mala compañía y suelen despertar la violencia, el dolor y la muerte.
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