BUENOS AIRES.- El "cómo seguir" en materia económica no parece ser aún un tema de debate en el Gobierno. En este aspecto, el tándem Kirchner-Lavagna comienza a ser visualizado por la sociedad como el arquitecto de 2004, siempre y cuando trabaje cada uno en lo suyo. Uno, tejiendo la red de seguridad; y el otro, ejecutando políticas de largo aliento que tiendan al bienestar, la educación, la salud y la seguridad de los argentinos. El gran dislate sería comprar un argumento al estilo de "si todo fue bien hasta aquí, para qué cambiar". Tamaño error sería una trampa que el país no puede darse el lujo de montar, ya que el año próximo no sólo no deberá ser igual al que se cierra, sino que necesariamente tendrá que ser mejor. En cantidad y en calidad.
Las paradojas de la salida de la crisis apenas afectaron el envión inicial del gobierno de Kirchner, a fin de un año que, a la luz de los resultados económicos y en función de la casi intacta imagen presidencial, resultó más sencillo que lo esperado. Resultados que pueden llegar a tentar a los más conformistas a diseñar para 2004 un año parecido al actual, una suerte de "piloto automático", como peligroso símil de aquel "no hagan olas" del cuento.
Un respiro
Los cambios en la Corte, el descabezamiento de las cúpulas militares, el avance de la transversalidad, el manejo de la relación con Eduardo Duhalde y hasta el episodio de los sobornos en el Senado le dieron aire al ala política del Gobierno para cerrar un año con balance positivo.
Por el lado de la economía, los sobrantes de superávit, el concepto de "devaluación exitosa", el empujón positivo del consumo y hasta la mejora de índices de empleo, junto a mejores condiciones internacionales (recuperación de EE.UU., fuerte presencia comercial de China y de Brasil en la salida de la recesión) y con precios de la soja muy favorables, jugaron a favor de Lavagna como trampolín para la recuperación de 2003.
Hasta este momento, a la Argentina cualquier vehículo la dejaba en la esquina. Con la excusa de abogar por los acreedores privados, la última intervención del FMI y su demora en otorgar el visto bueno a la primera revisión de las metas pusieron a Kirchner en la obligación de comenzar a definir su pensamiento en materia de adhesión al capitalismo, más allá de la retórica de tribuna que decidió utilizar en sus réplicas.
Desde ahora, quedó en claro que la sintonía fina económica deberá estar a la orden del día y que, en paralelo, el andamiaje de la política tendrá que desplegarse con efectividad y velocidad para soportar a una economía que necesita medidas de fondo: una seria reestructuración de la deuda pública, un acotado pero profundo menú de reformas estructurales, diseño de mercados transparentes, respeto por las reglas de juego, etc. Por caso, en la materia más sensible frente a la comunidad internacional, hasta ahora la Argentina se dio el lujo de estirar la negociación con los acreedores sin mayores reparos externos. Ahora, el ministro de Economía tendrá que decidir si sigue apelando a la demora para evitar un mayor ingreso externo de divisas que le genere mayor atraso cambiario o si estimula una suerte de fuga de capitales por la vía de una apertura total del mercado de cambios. De cómo se tome la decisión de fondo dependerán la inflación y la evolución del salario real, junto al regreso pleno del crédito.
También hasta ahora, los enunciados económicos encerraban comprensibles contradicciones propias de un período de reordenamiento, muchas de ellas puestas de manifiesto debido a la falta de una planificación ordenada y sustentable. Es que la política no deja de ser la administración de esas contradicciones de cara a la sociedad y el año próximo será crucial en ese aspecto.
Relación con las provincias
¿Por qué 2004? Porque no hay una sola elección en el horizonte que pueda entorpecer los necesarios avances en materia de reformas política y judicial y en la relación definitiva entre la Nación y las provincias, junto a un diseño tributario diferente que incluya una nueva coparticipación de impuestos.
Esta misma sugerencia partió la semana pasada de Ecolatina, una consultora allegada al jefe del Palacio de Hacienda, quien es evidente que necesita este tipo de estímulos estructurales para comenzar a estirar el horizonte y para que la recuperación económica no se agote en una coyuntura plagada de contradicciones.
Todo indica que llegó la hora de abandonar las paradojas. O al menos de aprovechar 2004 para encauzarlas positivamente y para encontrar nuevos equilibrios más racionales y de mayor calidad.
Según la Real Academia Española, el término "paradoja" expresa en su tercera acepción que se trata de "una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción". Para evitar esas contradicciones, que pueden convertir el "no hagan olas" en la Gran Paradoja argentina de 2004, es casi imperioso pensar en consolidar antes que en remendar; en generar reformas que estimulen la inversión privada y en crecer de verdad antes que en seguir administrando la crisis. Y sobre todo, no se puede desconocer la materia en la que se flotaba en tan escatológico relato. (DyN)







