La pelota sí se mancha... pero con rimmel y rouge

En Tucumán, el fútbol femenino no competitivo va sumando adeptas, y eso se puede ver tanto en predios al aire libre como en canchas alquiladas

PONIENDO OVARIOS. “Lulú” Merletti va a marcar a Dulce Apud. Laura Galindez, Alicia Bühler, Ricío Conte y María Victoria Sáez, atentas a la jugada. Las chicas tienen entre 27 y 33 años. la gaceta / fotos de diego aráoz PONIENDO OVARIOS. “Lulú” Merletti va a marcar a Dulce Apud. Laura Galindez, Alicia Bühler, Ricío Conte y María Victoria Sáez, atentas a la jugada. Las chicas tienen entre 27 y 33 años. la gaceta / fotos de diego aráoz
14 Diciembre 2014
Empieza el partido. La jaula de tela metálica y césped sintético se llena de fucsias, amarillos y verdes fosforescentes. Son 12 chicas que han llegado unos minutos antes para tener las conversaciones de rigor: hijos, casa, laburo, cansancio, humedad. Pero a las 21.05, después de que a un equipo de niños le ha sonado la campana del turno cumplido, ellas están adentro de la cancha. Van a jugar al fútbol por segundo martes consecutivo y están entusiasmadas. Los dos equipos se arman rápidamente, no hay mayores preferencias. Tampoco hay precalentamiento. La pelota comienza a rodar y menos de un minuto después, ya hay dos disparos al arco. Desde la portería, una voz chillona pregunta: “¿ahora tengo que sacar yo?” Gol. Es el primero de los 10 que llegarán al cabo de la hora que dura el alquiler de la cancha: dos para un equipo, ocho para el otro. Los festejos son tibios, siempre agudos. Los enojos, esporádicos. “Susú” es la que se irrita. No le gusta perder. Para nada.

Rocío Conte llega tarde y es la séptima en discordia, en cualquiera de los dos equipos. Ha dejado a su hija de dos meses y a su marido en la casa para juntarse a jugar a la pelota con las chicas. Después del partido vendrá el tercer tiempo, con todo lo que manda el reglamento: sánguches de milanesa y algo para tomar antes de volver a la casa. La soberanía de la mujer, en este equipo naciente, plantará bandera en la mesa de un popular bar de la calle Suipacha. “Somos un poco marginales”, bromea en algún momento del entretiempo “Pili” Chavanne. En realidad, por momentos las chicas juegan a ser “marginales”. Y la pasan bárbaro. “La mejor parte de esto es decirles a los maridos ‘chau, me voy a jugar a la pelota con las chicas. Cuidá los chicos’”, dice una de las jugadoras. Después busca apaciguar su bravuconada pidiendo que no salga su nombre en esta crónica.

Sale “Mili” Francini y entra Rocío. Antes le pide a su compañera que le tenga la plata y las llaves del auto, que no sabe dónde dejarlas. Sí, son mujeres, eso está claro. Las camisetas de River, Atlético, Independiente, Barcelona quedan grandes. Todas han sido prestadas por los maridos o novios para que las chicas tengan su día futbolero.

Lo que está ocurriendo acá en el parque 9 de Julio se multiplica en todas las canchas de fútbol 5 de Tucumán, donde las mujeres son un factor de cada vez más importancia en las apretadas agendas del prime time (entre las 20 y las 0). Es que el fútbol ha dejado de ser sólo para los hombres o mujeres fanáticas del deporte: ahora la cancha está abierta para todas las que se animen a probar el más popular de los juegos. Tal vez ni reparen en la trascendencia de su conquista, de la importancia de este nuevo territorio que han conseguido colonizar hace no muchos años. La idea de ellas es divertirse y transpirar, no hacer la revolución.

Son las 21.45. En Lawn Tennis, la cancha que eligieron para jugar a pesar de que la mayoría tenga que atravesar toda la ciudad para llegar, sólo quedan ellas y algunos veteranos de asado. La primera lesionada de la noche es Luciana Apud. Parece que se ha desgarrado, pero no tiene la menor idea de qué hacer. “En el partido anterior -el primero- ya tuve un tirón. Ahora parece que me terminé de... de arruinar”, cuenta. “Yo soy una de las más mal habladas”, advierte. Pero ni tanto: el máximo voltaje en el vocabulario de estas chicas egresadas del Santa Rosa, Boisdrón, Nueva Concepción y Huerto es un la puta que lo parió.

Hay cambios cada pocos minutos. Seguidillas de goles que se clavan en un mismo arco. Choques de palmas, gritos de aliento, nombres de diminutivo. “Hola, yo soy Jero”, grita sin que nadie lo escuche un muchacho que acaba de llegar y se acomoda en la minitribuna de la cancha. Es el único espectador de este partido que -para ser sinceros- no desborda adrenalina pero sí garra y entusiasmo. Jero es novio de una de las chicas, y desde arriba mira el juego con ojos de abuela condescendiente. Él será el encargado de dar el veredicto final, cuando termine el partido.

Final del juego. Las chicas se han estirado unos minutos más de la hora de alquiler, en un vano intento por hacer menos profunda la brecha del 8-2. No hay caso. Sólo queda saludarse, comprometerse para el martes próximo y comenzar a elongar. Alguien le pregunta a Jero cómo vio el partido. “Bien -contesta él- me llama la atención de que sean todas zurdas... de las dos piernas”. Ellas se ríen.

Consejos de un marido futbolero

- Siempre hay que sumar jugadores, no hay que “tachar” a nadie. Es mejor que sobren a que falten.
- Hay que rotar la formación de los equipos para favorecer el compañerismo.
- Compren botines originales, no imitaciones.
- No vayan todas a la pelota.

Una moda que crece
“Los campeonatos aportaron a la visibilidad y las chicas se empezaron a animar”

Las mujeres que juegan a nivel más competitivo observan cómo en el último tiempo ha explotado el interés de las chicas por un deporte antes reservado a los hombres. Opina Alejandra Lamelas, del equipo Liver de futsal (fútbol salón): “han surgido campeonatos oficiales, como los de la Asociación Tucumana de Futbol Salón y, por el otro, torneos paralelos de fútbol 5. Creo que eso aporta a la visibilidad del deporte y hace que más chicas se animen. Es una moda: tengo amigas que jamás jugaron y ahora se juntan a patear la pelota una vez a la semana”, contó la jugadora.

Torneos, tercer tiempo con mucha cerveza y público que va a ver jugar chicas lindas
Las canchas de fútbol 5 de la avenida Presidente Perón son testigos del boom del fútbol femenino. En una de ellas se hicieron dos torneos: uno antes y otro después del Mundial. “Sorprendió la convocatoria. En el primero hubo 13 equipos de mujeres y en el segundo 27, además de los de varones”, cuenta Matías Gorban, propietario de la cancha. Según su mirada, se han sumado nuevos perfiles de chicas que se animan al fútbol, que antes apuntaba más a las mujeres deportistas. A Gorban también le asombra el tercer tiempo, otro espacio de “igualdad” entre mujeres y varones: “se quedan largas horas tomando cerveza”, se ríe. Además, cada vez se suma más público espectador a ver los partidos femeninos. “Es que son chicas muy lindas”, reconoce.

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