"Este señor es un mentiroso, me mintió", lloriquea Albertito, después de haber estrellado contra el suelo la remera y el juego de bowling que lo esperaban en el arbolito de Navidad. El pibe está furioso, dolido. Jura que la carta que le mandó a Papá Noel estaba escrita con letra clara. Y que hasta había hecho un dibujo de la pista para autitos que él había pedido, para evitar confusiones. La mamá le explica que Papá Noel no es un mentiroso. Que, en una de esas, se le confundieron las cartas, que ahora vienen de a millones, y hasta por Internet. Pero Albertito se queda con la sensación de que le incumplieron la promesa más grande, la más soñada. Algún manual de Psicoanálisis al paso dirá que por culpa de las promesas incumplidas de gente como Papá Noel y los Reyes Magos, a los chicos se les termina la inocencia de repente. Y que el fin de la inocencia viene de la mano de la primera gran desilusión, de la sensación de que nada es tan perfecto como parecía. Como les pasó a los norteamericanos el 11 de setiembre de 2001. De lo que se infiere que no sólo las personas, sino también las sociedades, están expuestas a esta pérdida de la inocencia. Sólo que en este último caso, no son Papá Noel o los Reyes Magos sino la clase dirigente (los que tienen el poder para transformar la sociedad, y entre los cuales está la devaluada "clase" política) la que coadyuva al fin de la inocencia.
Al fin y al cabo, hay una visión pesimista de la historia -la tradición hobbesiana-, que dice que el hombre es, por naturaleza, un lobo del hombre. En otras palabras, lo que dice es que en la Historia siempre habrá muchos Herodes dispuestos a matar a todos los "santos inocentes", cuya efeméride se celebra hoy, y que pudieran ser semillero de liderazgos virtuosos.
Por suerte, hay quienes interpretan que la Humanidad y la Historia han evolucionado, que los hombres y mujeres han tomado conciencia de cuáles son sus derechos, frente a algún Herodes de turno. Y que en las sociedades modernas, ante la amenaza, funcionan distintos tipos de valores y redes ciudadanas, estimuladas por la participación, que permiten controlar -y garantizar- el cumplimiento de esos derechos.
Por cierto, una sociedad inocente es aquella que no se siente amenazada. ¿Tucumán perdió la inocencia? Las ventas de fin de año, la excelente rentabilidad del campo y la postal urbana de ciertos "territorios" como Yerba Buena, o el abrumador circuito nocturno de Maipú y Santa Fe parecen decir que no, que Tucumán conserva la ilusión.
La presencia en Tucumán de Carmelo Barturen, el representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), parece decir lo contrario. Que la ONU haya elegido a Tucumán como cabeza de playa para operar en el NOA puede sonar a elogio. No lo es. Como dijo Barturen, Tucumán se hizo visible en el mundo por el hambre, y no por la riqueza. Y lo corroboró el futbolista tucumano Carlos Chaile, que juega en Austria, cuando le dijo a LA GACETA : "en Europa nos conocen por los desnutridos".
La postal del Tucumán que perdió la inocencia es, por ejemplo, la historia del fallo judicial que obligó al Estado a proteger a Rosario, una nena desnutrida. La chiquita fue internada, y compensada. Pero los médicos saben que Rosarito sólo podrá "zafar" si les quitan la guarda a los padres. Y tampoco parece haber soluciones ideales para la prolífica Norma Said, de León Rougés, que acaba de tener su hijo 19. La flamante académica de la Medicina Elsa Moreno (que acaba de ser "jubilada" de la UNT) sintetiza una opinión compartida por muchos: "el problema de Tucumán no es el hambre, sino la inequidad".
Lo que muestran Elsa Moreno y Carmelo Barturen es la otra cara de este Tucumán bifronte, en el que la inocencia perdida parece dominar por sobre el Tucumán de la ilusión. Y es cierto que la palabra "ilusión" tiene, en el diccionario, la carga tramposa de "delirio", de "ilusorio". Pero también significa "utopía". Si tomamos el término bajo esta última acepción, Albertito podría pensar que Papá Noel realmente se confundió de carta.
Y que los Reyes Magos saldarán el 6 de enero tamaña confusión.
28 Diciembre 2003 Seguir en 
Por Nora Lía Jabif







