Elevar la calidad espiritual

La actividad cultural debe recuperar los niveles de antaño, en una provincia donde existe la suficiente masa crítica para ello.

28 Diciembre 2003
A menudo se considera en nuestra provincia la cultura como un mero entretenimiento. Tal vez esa sea una de las razones por las que nunca figura en las plataformas electorales y permanece eternamente en la retaguardia presupuestaria de los gobiernos de turno. Esta omisión o indiferencia tampoco habla bien de una buena parte de nuestra clase dirigente, porque si estuviera imbuida de la sensibilidad y la creatividad que suele generar el arte en los seres humanos, seguramente tendríamos una sociedad más digna.
El lunes pasado se realizó en el hipódromo una nueva edición del megaconcierto, organizado por la Universidad Nacional de Tucumán, que contó con la asistencia de más de 4.000 tucumanos. Tuvo además un sentido solidario, porque la entrada consistía en un alimento no perecedero.
Salvando algunas fallas de organización, el éxito de este acontecimiento musical debería servir para que los mismos organizadores, así como la Provincia y la Municipalidad, reflexionaran sobre la imperiosa necesidad de generar espectáculos al aire libre, por ejemplo, en el parque 9 de Julio o en el Guillermina, en forma constante.
En otras ciudades del país, las municipalidades organizan ciclos en las diversas expresiones culturales que son gratuitos y son los municipios los que les pagan a los artistas. De ese modo cualquier ciudadano puede tener acceso a un espectáculo. En la década de 1980, tras el retorno a la democracia, el municipio de San Miguel de Tucumán lanzó el ciclo "El teatro en la calle", cuyo objetivo era acercar ese noble arte a los barrios, a ciudadanos que tal vez nunca en su vida iban a pisar una sala teatral.
Los ciclos de conciertos didácticos en las escuelas y colegios, que cumplían con una finalidad formativa, también fueron desapareciendo. Ese era el modo de preparar a los niños y a los jóvenes como el público del futuro.
Curiosamente, Tucumán cuenta con la materia prima necesaria para encarar ciclos tanto a nivel entretenimiento como didáctico. La UNT posee dos conjuntos orquestales (la Sinfónica y la Juvenil) y un coro de niños y jóvenes, mientras que la Provincia cuenta con cuerpos estables (coro, orquesta, teatro, ballet) que, sin embargo, pocas veces han sido aprovechados en toda su magnitud.
Por otro lado, a lo largo de los años estos organismos artísticos no se han renovado a través de concursos abiertos -deberían efectuarse con cierta periodicidad-, algo que les permitiría oxigenarse y elevar aún más su nivel. Para ello el Estado debería ofrecer salarios dignos, acordes con las exigencias.
Un ejemplo de ello es, por ejemplo, la Orquesta Sinfónica de Salta, cuyos integrantes han revalidado a comienzos de diciembre sus cargos, a los cuales accedieron a través de un concurso internacional. Este conjunto cumple con una función social porque todas las semanas ofrece conciertos en algún pueblo del interior salteño, y no se limita a tocar en la Casa de la Cultura, donde está su sede.
En la medida en que el arte se inserte en el corazón de la comunidad el Estado estará cumpliendo con su rol esencial de formador. Habitualmente, para justificar la inacción se recurre a la legendaria frase "no hay plata". Sin embargo, vemos que de la famosa partida 012 de los últimos gobiernos salió el dinero para designar a cientos de asesores, familiares y amigos que, por lo general, ningún aporte le hacen a la sociedad. Curiosamente, la Secretaría de Cultura nunca recibió un ATN de los cientos que llegaron a la provincia en la última década.
Sería interesante que tanto la UNT como la Provincia y la Municipalidad trabajaran en forma coordinada en el aspecto cultural e incorporaran a la Secretaría de Educación para diseñar programas en las escuelas. En la medida en que inundemos de cultura y educación a los tucumanos, elevaremos la calidad espiritual de nuestro pueblo y de la clase dirigente.

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