Acumular poder

Intuición y astucia del gobernador en el tema del CAM.

27 Diciembre 2003
Por Roberto Delgado

Dos características parecen definir las acciones del gobernador José Alperovich. La primera es que es muy personalista y que ejecuta un proyecto basado en la intuición y que depende de sus reflejos. La segunda es que es muy astuto, y desde esta perspectiva parece tener un plan de largo plazo e ir cumpliendo perfectamente sus metas. Las dos ideas ayudan a entender lo que está ocurriendo con el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), organismo que hace 15 días iba a ser ampliado por Alperovich a cinco miembros, y que ahora fue eliminado por decreto. Ambas decisiones fueron tomadas por Alperovich con el mismo argumento: buscar una supuesta mayor transparencia en la selección de jueces, aunque manteniendo la potestad que le da la Constitución del 90 al gobernador de proponer a los candidatos a jueces.
La idea del personalismo permite entender que, en una explosión repentina, cambie de la noche a la mañana una propuesta y lo haga sin ponerse colorado. Abogados y magistrados se opusieron a la ampliación del CAM, de modo que lo el mandatario lo eliminó de un plumazo. Que la gente opine, dice. Después de todo, es un organismo frágil, creado por decreto, que la sociedad política durante 12 años mantuvo sin animarse ni a mejorarlo (haciéndolo verdaderamente independiente) ni a eliminarlo.
Alperovich sabe que en escasas ocasiones se tuvo noción en este país de lo que es una Justicia independiente. Tal vez durante el caso de María Soledad Morales, cuando en Catamarca se vio lo que podían hacer los jueces afines al poder político. Pero a la hora de evaluar cómo se elige a los jueces no hay demasiadas protestas. Eso ya se vio a finales del gobierno de Julio Miranda, quien zamarreó al CAM como quiso y cambió postulaciones a su arbitrio. Nadie hizo nada, pese a los pataleos de abogados, universitarios y políticos.
Si Miranda, que no podía salir a la calle sin temor a la rechifla, se animó a sacudir los cimientos del CAM, ¿cómo no iba a poder Alperovich, que disfruta como pocos de la relación con la gente? Ese vínculo lo hace sentirse poderoso y con él se anima a enfrentar lo que llama "las corporaciones", ya sea el Colegio de Abogados, el Poder Judicial o la Facultad de Derecho. Dejen que la gente opine, dirá, en un sofisma seudodemocrático. Alperovich, como el presidente Néstor Kirchner, trabaja confiando en su intuición y en su capacidad para transformar las cosas negativas en buenas para su imagen. Lo probó capitalizando la mala noticia de la desnutrición de Barbarita Flores. Lo está probando al presionar al gremio docente ATEP con los descuentos por los días de paro. El gobernador construye poder con su dinamismo y exige a sus colaboradores que le sigan el ritmo. O los echa, como hizo con el primer director de Arquitectura.
La idea de la astucia dice que Alperovich va ejecutando paso a paso un plan para cambiar radicalmente ciertas instituciones de la sociedad y evitar los sofocones que sufrió Miranda. El sacudón en el mecanismo de selección de jueces (que aunque imperfecto era una de las pocas manifestaciones de independencia del poder judicial) es, en opinión de magistrados, abogados y opositores, una forma de sojuzgar a la Justicia para evitar futuros problemas para él y para todo el equipo que acumuló causas judiciales durante el mirandismo.
Para Alperovich es otra cosa: una prueba de fuerza. El personalismo lo puede llevar a acumular demasiadas cosas y equivocarse. Pero la astucia lo hace sentirse seguro. Si encuentra mucha oposición, podría presionar más hasta llegar a la reforma de la Constitución y la puesta en comisión de los jueces. Si no encuentra oposición, tendrá el camino expedito para hacerlo, de todos modos, porque habrá acumulado suficiente poder. Es un juego donde tiene mucho para ganar y poco que arriesgar.

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