Historia de amor y pasión con toques de realismo mágico - LA GACETA Tucumán

Historia de amor y pasión con toques de realismo mágico

Atrapante trama de una de las novelas más leídas del momento.

23 Nov 2014
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UN HITO. Según la biografía de su sitio oficial, Florencia Bonelli decidió abandonar las Ciencias Económicas (es contadora pública) para dedicarse enteramente a la literatura en 1999, luego de leer El árabe, de Edith Hull. vos.lavoz.com.ar

El 12 de febrero del año de la Salvación de 1736, en una zona selvática, de una gran riqueza natural, paradisíaca y salvaje de la Provincia del Paraguay, el padre Octavio de Urízar y Vega, a quien llaman Ursus y es el encargado de la misión jesuítica de San Ignacio Miní, mientras navega el Río Paraná con sus remeros en noche de luna llena, oye unos gritos desgarradores provenientes de la costa.

Ordena detenerse, y se encuentra con una joven mujer, probablemente de origen europeo, que acaba de dar a luz a una niña. Ella muere, pero el bebé sobrevive. La bautizarán como a su madre: Emanuela. A posteriori, la niña santa, capaz de curar de la muerte a hombres y animales. Todo está en su nombre, que significa Dios con nosotros.

La pequeña encontrará su espejo en Aítor Ñeenguirú, séptimo hijo varón de una familia del lugar, un chico desconfiado de la humanidad, atormentado, belicoso, a quien nada le resultará sencillo ni se le dará sin luchar, y sobre el cual pesa una maldición: la del niño lobisón, dueño -según los aldeanos- de “un alma negra”.

Entre ambos nacerá la atracción -para luego darle paso al amor- desde la niñez misma, una atracción compuesta por muchos pliegues (son, incluso, hermanos de leche) y se forjará un vínculo que parecerá indestructible. Porque Emanuela, la niña huérfana traída desde el corazón de la selva, es hija de Jasy, vocablo guaraní que significa luna, y ya sabemos el poder que la luna ejerce sobre los lobisones.

El resultado de la receta

Entrecruzando una historia de amor muy particular con una etapa de ocupación, colonización y evangelización del sur de nuestro continente (la historia de los pueblos guaraníes frente a la conquista desde la lengua y la religión), Florencia Bonelli ha construido en Jasy una historia de amor y pasión con toques de realismo mágico, siempre atada a la fórmula de moda de la novela histórico-romántica, de la que es una representante.

Jasy no es otra cosa que la primera parte de una trilogía (Bonelli ya lo hizo con París-Congo-Gaza, y la saga de El cuarto arcano, de dos o tres volúmenes según la edición), sucedánea de Nacida bajo el signo de Toro, novela que no tuvo la repercusión de sus obras anteriores.

Lectura atrapante, lenguaje desenvuelto a la vez que sencillo, giros de época cruzados con expresiones en guaraní (ejemplo: la traducción del Padre nuestro a ese idioma), las cuatro líneas finales proponen ya una continuación: la gestación de la vida. Una eyaculación y el clamor por la luna (por Jasy) abren las puertas a lo que seguirá luego de las últimas palabras de este libro: fin de la primera parte. Porque el final no es tal. Y Florencia Bonelli lo ha logrado de nuevo.

HERNÁN CARBONEL - © LA GACETA

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