Ella luce altiva. Todo el sol de la siesta penetra en su piel. Camina despacio. Sin mirar a los costados. Es rubia hasta la médula. Sola busca un lugar en los alrededores del lujoso natatorio del hotel donde se aloja. Acerca una reposera y acomoda la toalla. Lubrica su piel con bronceador y se recuesta; disfruta y reposa. Varios de los artistas invitados al recuperado festival de cine de Termas de Río Hondo también usufructúan ese espacio; entreverados entre los pasajeros del cinco estrellas que los cobija.

Silvia no se inmuta y continúa con su ceremonia de solarización. Voces que comentan por lo bajo, cuchicheos de curiosos y ojos azorados por su aspecto. Aunque los años son crueles con la piel de su cuello y de sus manos, su rostro le oculta las hojas al almanaque… y sus senos, siguen tentando al lascivo. Miradas indiscretas e insidiosas. Un rumor se expande entre el grupo de la farándula. Ella, sin estigmas y con prestancia, luce maravillosa y estupenda su cuerpo de 60 años como una mujer de 40.

Sin preámbulos, el joven Alberto, hijo de quien fuera inseparable compañero de Silvia -no sólo en las tablas también en las pantallas grande y chica-, irrumpe en la pileta. Se acerca a ella. Besa su mejilla y estrecha su mano derecha. Ella se sorprende gratamente y le confiesa “es la primera vez que te saludo personalmente, en 25 años, y la primera vez que te veo”. Albertito le responde “cómo no iba a saludarte si vos, Adriana y Beatriz siempre hablaron maravillas de mi padre y además de trabajar con él, disfrutaron de sus ocurrencias. Yo no llegué a conocerlo. Él se murió cuando yo venía en camino”.

El entorno se distiende. Una nube atenúa los rayos solares. Y los comentadores hacen mutis por el lobby. Nadie se imaginaba el saludo. Pero ocurrió. Sin traumas ni especulaciones.

El encuentro selló un capítulo abierto de una trágica historia que comenzó un verano de 1988, en Mar del Plata. El 3 de marzo de ese año, el “Negro” había concluido la filmación de una película -una de las mejores con el coprotagonista que lo acompañó-. Pero él nunca llegó a verla. También actuaba en una obra de teatro. Dos días después, en la madrugada del 5 de marzo, se cayó desde el balcón del departamento que ocupaba en el piso 11. Fue un trágico accidente, luego de una noche de excesos junto, a su entonces pareja, Nancy. Aunque otros, como varios de los que estaban en la ciudad termal, dicen que se quitó la vida, por amor. Ese 5 de marzo, Nancy -según cuentan- le comunicó que estaba embarazada. Él estaba a punto de pedirle que se separaran. Se había enamorado de Silvia. Aún más, dicen que ya salían juntos.

La rubia se alejó de ese ámbito un tiempo. Trabajó en cine con Coppola, pero nunca más volvió a la televisión. Pero, 26 años después de ese día, tan triste y trágico, se encontró con el hijo del “capo cómico”. Un hijo que habría sido un impedimento para ese amor prohibido. Pero, después de dos décadas y medias, el homónimo a su famoso papá la saludó y conoció por primera vez. El infortunio que comenzó en un balcón, un cuarto de siglo atrás, se atenuó con una sonrisa y buena voluntad, en un lujoso natatorio de una ciudad de la provincia más tórrida del país.

Comentarios