BUENOS AIRES.- En estos fríos días de comienzo del invierno, Washington DC está caldeada por la ofensiva argentina frente al FMI, situación que sacudió la modorra previa a la Navidad y alteró el alivio que trajo la captura de Saddam Hussein. La munición que disparó Néstor Kirchner tuvo como destinatario al Fondo Monetario, pero sus ecos se sintieron en el Departamento del Tesoro y en los sillones de los miembros del poderoso G-7.
Con mucho de incertidumbre y temor, el concepto que más se baraja entre los burócratas de los organismos internacionales y entre los más lúcidos analistas de Wall Street, no sólo es que la Argentina no tiene "una política de buena fe" para apurar la reestructuración de la deuda y salir del default, sino que estaría planeando ampliarlo a los organismos internacionales.
En la Argentina, dicen en el entorno presidencial, que la reacción de Kirchner fue en respuesta a la presión que le hicieron, en privado y a través de filtraciones de prensa, las huestes de Anne Krueger, en busca de preservar el rol de acreedor privilegiado que tiene el Fondo. A partir del disgusto del mandamás del Tesoro estadounidense, John Snow, el "board" del organismo está muy sensibilizado por la preocupación de los gobiernos de Italia, Alemania y Japón, y estos, a su vez, presionados por sus connacionales, tenedores de títulos argentinos en default.
Un juego de póker
La historia es simple, aunque aparecen cartas nuevas y se suceden declaraciones propias de un juego de póker: desde hace varias semanas, el FMI pregunta qué va a hacer el Gobierno con el sobrecumplimiento de la meta de superávit fiscal primario consolidado pactada para 2003 y la Argentina no sólo se ampara en la cláusula 8 del Memorando de Política Económica que remite a 2004 con un tope de 3% del PBI, sino que se lo gasta sin miramientos.
Así, Roberto Lavagna autorizó mayor gasto social, devolución de impuestos a exportadores y otros destinos que no son los que pretenden los organismos.Según el FMI, si esos excedentes -y los más abultados que podrían generarse el año próximo si la economía sigue en auge- se aplicaran a la reestructuración de la deuda, los tiempos de negociación y los porcentajes de quita podrían achicarse considerablemente. En ese mismo sentido, y en forma paralela, los abogados argentinos que defienden la causa que abrió el juez de la Corte de Nueva York, Thomas Griesa, le pidieron que se expida en materia de privilegios, para que los acreedores que iniciaron juicios no queden en situación ventajosa frente a quienes decidan negociar y para evitar bloqueos de pagos a los organismos internacionales.
Entre atrasos y monto de capital, la Argentina decidió involucrar en el default 52% de su deuda y dejó a salvo de quitas el 48% restante, unos U$S 84 mil millones entre organismos internacionales (U$S 31,1 mil millones), Boden y Préstamos Garantizados.Una simulación efectuada por el Instituto Argentino de Mercado de Capitales plantea que en estas circunstancias, y bajo ciertos supuestos, la capacidad de pago del país estaría en el orden de 15 centavos por cada dólar impago. El mismo ejercicio estipula que si los organismos internacionales caen bajo el peso de la quita, entonces la posibilidad de pagarles a todos los acreedores se amplía a 42 centavos por dólar, y si se suma el resto de las acreencias, la quita para todos estaría en el orden de 48/50%.
El mismo instituto concluye que "los altos costos políticos que tendría tal decisión, hacen que luzca como poco probable un cambio en el sentido de incorporar estos títulos a reestructuración".
Pero si el FMI, el Banco Mundial y el BID quedan sujetos a las mismas reglas que el resto de los acreedores privados por decisión de un magistrado estadounidense y no por la acción unilateral de la Argentina, temen en Washington que se reconsidere una menor quita para todos los involucrados, con lo cual sumaría muchos aliados a la movida.
Los comités de acreedores
En este aspecto, los funcionarios ven con buenos ojos a todos los comités de acreedores que se nucleen para trabajar en conjunto, aunque dicen que van a requerir mandatos claros de hasta dónde va a poder negociar cada uno.
Como carta en la manga, los negociadores locales creen que es factible que más adelante los estados italiano y japonés salgan en auxilio de los tenedores de deuda de esos países y que la negociación final se haga de gobierno a gobierno. El miembro del equipo económico que confió esta posibilidad dijo que eso es más difícil en el caso de Alemania, por las características del grupo de acreedores -"no tan atomizado ni de tan poco poder adquisitivo"-.
Si bien la discusión es muy delicada, en la escalada del proceso se nota una alta cuota de histeria que amenaza con complicarlo todo, a partir de la sobreactuación de ambas partes. Lo concreto es que el FMI amenaza, frena la revisión de diciembre, pero la promete para enero; y la Argentina cacarea, pero paga con sus reservas el vencimiento del viernes pasado, por U$S 268 millones.
Esta pulseada sirvió también para ponerle cierta cuota de emoción a la economía, más allá de las implicancias del affaire del Senado, los problemas de la seguridad colectiva o personal y las danzas y contradanzas del Gobierno con los piqueteros. (DyN)







