20 Diciembre 2003 Seguir en 
En múltiples oportunidades, hemos llamado la atención sobre el problema de los perros sueltos en la ciudad capital. A pesar de nuestras puntualizaciones, el cuadro de referencia no ha cambiado y, por el contrario, pareciera agravarse. Los canes, muchos de ellos lastimados y con aspecto de enfermos, siguen colmando las calles céntricas. Están en todas partes. Se introducen en los negocios, hay que esquivarlos cuando duermen y a veces se enzarzan en ruidosas peleas.
Está de más ponderar todos los riesgos que esta presencia constante depara al vecindario de la ciudad. Desde tiempo inmemorial, una de las funciones de la autoridad municipal fue evitar la invasión de perros callejeros. Muchos recuerdan todavía la denominada "perrera" , vehículo de la Comuna donde estos animales eran introducidos luego de que un operario los enlazaba.
El método se consideró cruel y fue suprimido. Pero la verdad es que, hasta ahora, no ha dado resultado apreciable la estrategia implementada en sustitución de aquella. Nos parece que es hora de que la Municipalidad adopte algún camino eficaz para conjurar esta alarmante cuestión.
Está de más ponderar todos los riesgos que esta presencia constante depara al vecindario de la ciudad. Desde tiempo inmemorial, una de las funciones de la autoridad municipal fue evitar la invasión de perros callejeros. Muchos recuerdan todavía la denominada "perrera" , vehículo de la Comuna donde estos animales eran introducidos luego de que un operario los enlazaba.
El método se consideró cruel y fue suprimido. Pero la verdad es que, hasta ahora, no ha dado resultado apreciable la estrategia implementada en sustitución de aquella. Nos parece que es hora de que la Municipalidad adopte algún camino eficaz para conjurar esta alarmante cuestión.







