Max, un verdadero cabeza dura

El volante luchó hasta el hartazgo y hoy tendrá la chance soñada: ser titular en un partido clave.

PREPARADO. Max se eleva para cabecear la pelota durante la sesión de fútbol-tenis, ayer durante el ensayo en el complejo. PREPARADO. Max se eleva para cabecear la pelota durante la sesión de fútbol-tenis, ayer durante el ensayo en el complejo.
24 Octubre 2014
“Era una frustración todos los días estar afuera y no poder jugar, que es lo que uno más quiere como futbolista. El que aguanta siempre tiene una chance. Bueno, decidí aguantar, en el medio tuve la posibilidad de irme pero decidí apostar a lo más difícil”. En esa pequeña confesión Augusto Max revela cuánto le costó llegar a ganarse un lugar entre los 11 titulares de Atlético cuando parecía que su llegada, al principio de la temporada, fue más bien un capricho de un dirigente que una petición de la lista de refuerzos de Héctor Rivoira.

Max vivió en el submundo de los olvidados los fines de semana. Veía rodar la pelota pero en casa o desde la platea. Atrás había quedado el aplauso y la arenga de los hinchas de su viejo equipo, el archirrival, San Martín. Su decisión de aceptar el pase fue casi como entrar al desierto del Sahara sin GPS, sin protección y sin agua. Fue, quizás, la elección más importante de su carrera y la tomó sabiendo que nada iba a serle sencillo y que para entrar en la órbita del entrenador lo suyo debía ser superior a descomunal.

Max quizás podría sentirse hoy el mejor predicador del planeta, pero no. Su discurso es otro. “Dejar todo en cada entrenamiento”. Básicamente, asegura que lo suyo siempre será romperse el alma. “Sí, exactamente, hasta el final, hasta la última consecuencia. Después se verá si sale bien o mal, pero hay que dejar todo”, el volante central lo hizo y hoy será una de las nuevas cartas del “decano” frente a Independiente Rivadavia. El Max prescindible, el que participaba en el tercer equipo del plantel superior hoy es titular. Se lo ganó.

Está tan ansioso que sus propias ganas de salir ya a la cancha le comen los huesos, los mismos que intentará cenar está noche, pero de los mendocinos. “Va a ser positiva esa ansiedad porque es ansiedad por jugar, por estar, por demostrar; por muchas cosas que no tenía la posibilidad de hacer. Estando afuera y en el tercer equipo estás triste, quizás aflojás un poco. Por suerte no le aflojé y se me dio este chance”, suspira con alivio quien tiene una misión táctica definida.

“Principalmente, marcar un poco el equilibrio entre la presión ofensiva y la defensiva”, explica la tarea que le dio Rivoira. “Después me pidió lo de siempre, que corra, que trate de recuperar balones y que pueda pasarlos bien”, reconoció.

La postura del hincha

Es verdad que llegó desde la vereda de Bolívar y Pellegrini y que le costó, pero el paso del tiempo hizo que la gente preguntara por él. El hincha de Atlético demostró interés en sus cualidades dentro de la cancha.

“Desde el primer día que estoy acá estoy muy agradecido, más que nada por la contención. A veces cuando uno cambia se siente un poco solo porque viene a un lugar que, la verdad, no tenía pensado. Me sentí muy contenido, la gente siempre me dio su apoyo. Espero devolvérselo”, dijo el volante.

Ganas de eso no le faltan a Augusto, un huracán de energía dispuesto a explotar como volcán en erupción. “Lo que tenga en el cuerpo voy a dejar. No sé si jugaré mal o bien, pero que dejo todo, te lo aseguro”, firma donde sea el hombre que rompió su alma y que la rompe a diario para volver a ser el “Jefecito” que alguna vez adoraron desde el otro costado de Tucumán. Si conquistó una parte, está confiando que puede hacerlo con la otra.

“Ojalá pueda hacer un buen partido pero sobre todo que el equipo gane. Este es un plantel muy bueno, que está unido. Se merece una alegría, se merece ganar”, opina Max, que de alegrías y desgracias tiene un posgrado.

Verdaderamente, esta semana Max volvió a nacer. “Sí, es hora de disfrutar”, y lo hará en el Monumental sabiendo que para él y sus compañeros el mañana lo es todo. Y para eso dejará “hasta el último aliento”.

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