Con Malala se desafió la lógica adultocéntrica

10 Octubre 2014

Gregorio Herranz - Coordinador del componente de participación protagónica NNYAS Asociación civil Crecer Juntos

Sonríe el rostro, late feliz el corazón, baila la cadera y juegan pícaros los pies con la tierra al encontrarse con la bella noticia de que Malala Youfasi, niña paquistaní de 17 años que desafió a una de las milicias más crueles y violentas del mundo, que, entre otras barbaries, prohibe la asistencia de las mujeres a clases, ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2014. Desafiando una lógica adultocéntrica que impone la creencia de que una pequeña no puede ser fuerte y grande. Malala permite que se visibilicen las pequeñas grandes luchas de niños, niñas y adolescentes, constructores del presente de una sociedad más justa, más solidaria, más equitativa, capaces de dialogar de par a par, reconociendo las singularidades y las diferencias, con adultos que se empeñan en creer que los niños son sólo el futuro de la sociedad y que las niñas valen menos por ser mujeres.

Qué poderoso y vital es que se generen y promuevan espacios de participación protagónica de niños, niñas y adolescentes en nuestra sociedad. Pocas veces por ignorancia, muchas veces por temor, se relega a los niños y niñas a ser receptores del saber (poder) adulto, objetos pasivos que deben obedecer lo que los adultos dicen, repetir lo que los adultos enseñan, meros reproductores del orden social existente.

Malala nos viene a recordar que los niños, niñas y adolescentes, son sujetos de derecho, con voz propia, con deseos y sueños originales, con necesidades y demandas particulares, seres humanos, sentipensantes con capacidad de acción y transformación, no sólo para sí sino también para otros.

Otro mundo es posible, otra sociedad es posible… y es posible porque ya está aquí, en estos niños, niñas y adolescentes, que con su espontaneidad, su honestidad brutal, nos salvan de los lugares de desidia, resignación, desesperanza y estrés, que esta sociedad de consumo y desamparo nos vende e impone todos los días.

La mirada de Malala nos susurra que la paz es una lucha colectiva, por un bien para todos, y que con ternura venceremos.

En este camino viene trabajando en nuestra provincia una Red de Organizaciones, promoviendo asambleas mensuales de niños, niñas y adolescentes de distintos barrios, visitando y construyendo marcos teóricos y metodológicos que amplían las miradas de las infancias desde una perspectiva de Derechos.

Las asambleas se realizan en distintas organizaciones territoriales de la sociedad civil como en instituciones del Estado, allí los niños, niñas y adolescentes, ejercen ciudadanía y nutren la democracia, ponen en juego sus voces, acuerdan acciones, articulan actividades, reconocen y aceptan los disensos, se encuentran en el saber colectivo, se proyectan en el hacer sinérgico y se comparten y vinculan en la fiesta de la vida.

En la última asamblea, los adolescentes decidieron pintar murales en distintas organizaciones barriales para dar su mensaje a los vecinos y vecinas.

Malala nos recuerda no sólo aquella infancia que habita a la par nuestra, aunque en malditas ocasiones por debajo nuestro, sino también hace que vuelva a pasar por nuestro corazón ese niño interior. Que no murió. Que sigue jugando en nosotros, que sigue visitándonos en nuestros sueños, que sigue llorando en nuestros dolores y alegrándose en nuestras victorias.

Que sigue ahí esperando nuestro amoroso abrazo.

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