17 Diciembre 2003 Seguir en 
Piqueteros versus piqueteros. Es la pelea que se anuncia, montada sobre las necesidades de miles de tucumanos que viven en la pobreza y que carecen de sustento. Los dirigentes sociales, como se autodenominan los líderes de los movimientos de desocupados y de piqueteros, tienen una única arma para hacerse oír: la protesta en la calle, con marchas o cortando rutas. Tucumán, especialmente en el sur, es campo propicio para que las quejas se multipliquen dada la crisis que envuelve a las localidades del interior.
Allí desarrollan sus actividades la Corriente Clasista y Combativa (CCC), liderada por Vicente Ruiz, y el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), encabezado por Raúl Castells, además de muchas otras expresiones menores. Exigen lo mismo con igual metodología de lucha, pero sus dirigentes han comenzado a ubicarse en veredas diferentes por cuestiones ideológicas.
En el medio de sus demandas de miles de bolsones y de miles de subsidios yace el Gobierno de la provincia, que sufrirá las consecuencias de las protestas de cada sector para exigir respuestas al poder político.
No será extraño que para tener prioridad en la atención presionen con la mayor fuerza social posible. Con la ayuda en alimentos o de dinero, cada grupo medirá su influencia ante el poder en función de lo que obtenga. La estrategia, por más que se grite que representan a la misma porción de excluidos de la sociedad, será la de prevalecer. En esta guerra social ya se habla de intereses políticos. Algunos se animan a acusar buscando sociedades políticas detrás de los movimientos piqueteros. Ayer, Ruiz -a quien se asocia al Partido Revolucionario de los Trabajadores- acusó de traidor y de hombre vinculado a la derecha a Castells.
Lo señaló por "abandonar" a sus compañeros de Buenos Aires e instalarse en la provincia. Castells, con su gente, hizo varios cortes sobre la ruta 38. En la práctica significa que se apropió del campo de lucha de la CCC, que había hecho de los cortes en la 38 su arma predilecta. La pelea es por lo mismo, con las mismas armas y con las mismas palabras, pero los encontronazos comenzaron a surgir.
Si Castells se apropió de la "ruta de la muerte" y amenaza con quedarse hasta Nochebuena, la respuesta de la CCC no se hizo esperar: prepara un "cacerolazo" para el viernes en la capital, con la excusa del segundo aniversario de la marcha de los argentinos que terminó con la caída de Fernando de la Rúa. Así, unos en el interior y otros en la capital pedirán por lo mismo.
La cuestión pasa por saber cómo se manejará el Gobierno provincial frente a los dos grupos preponderantes. Puede seguir respondiendo como lo vino haciendo hasta ahora: exigiendo listas de personas sin cobertura social para dar la ayuda, o bien tratar de inclinar la balanza por uno de ambos sectores, según su propia conveniencia.
Si esta última fuera la alternativa elegida -que no es nueva-, ¿por quién se inclinaría el Gobierno? Veamos. Ruiz y la CCC están en Tucumán desde hace tiempo; son parte del folclore social de la provincia. El dirigente viene manteniendo tratativas con los últimos gobiernos y realizó decenas de marchas de protesta. Castells es una persona extraña a la provincia, que recientemente apareció y tomó vuelo público desde el interior. Este sector acusa a Ruiz de ser un "allegado al poder". En el MIJD están convencidos de que por eso consigue ayuda del PE.
Sea o no cierto, lo real es que la división es a nivel de cúpulas -la base está unificada por el hambre y allí no hay distingos- y que el hecho bien puede ser aprovechado por el Gobierno si es que quiere dividir para reinar, como suele ser usual desde el poder. Lo nuevo en esta trama, que esconde miles de historias de carencias, es que la disputa por espacios de poder llegó a los sectores que luchan por alimentos. En esa pelea pueden ser presa fácil del poder.
Allí desarrollan sus actividades la Corriente Clasista y Combativa (CCC), liderada por Vicente Ruiz, y el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), encabezado por Raúl Castells, además de muchas otras expresiones menores. Exigen lo mismo con igual metodología de lucha, pero sus dirigentes han comenzado a ubicarse en veredas diferentes por cuestiones ideológicas.
En el medio de sus demandas de miles de bolsones y de miles de subsidios yace el Gobierno de la provincia, que sufrirá las consecuencias de las protestas de cada sector para exigir respuestas al poder político.
No será extraño que para tener prioridad en la atención presionen con la mayor fuerza social posible. Con la ayuda en alimentos o de dinero, cada grupo medirá su influencia ante el poder en función de lo que obtenga. La estrategia, por más que se grite que representan a la misma porción de excluidos de la sociedad, será la de prevalecer. En esta guerra social ya se habla de intereses políticos. Algunos se animan a acusar buscando sociedades políticas detrás de los movimientos piqueteros. Ayer, Ruiz -a quien se asocia al Partido Revolucionario de los Trabajadores- acusó de traidor y de hombre vinculado a la derecha a Castells.
Lo señaló por "abandonar" a sus compañeros de Buenos Aires e instalarse en la provincia. Castells, con su gente, hizo varios cortes sobre la ruta 38. En la práctica significa que se apropió del campo de lucha de la CCC, que había hecho de los cortes en la 38 su arma predilecta. La pelea es por lo mismo, con las mismas armas y con las mismas palabras, pero los encontronazos comenzaron a surgir.
Si Castells se apropió de la "ruta de la muerte" y amenaza con quedarse hasta Nochebuena, la respuesta de la CCC no se hizo esperar: prepara un "cacerolazo" para el viernes en la capital, con la excusa del segundo aniversario de la marcha de los argentinos que terminó con la caída de Fernando de la Rúa. Así, unos en el interior y otros en la capital pedirán por lo mismo.
La cuestión pasa por saber cómo se manejará el Gobierno provincial frente a los dos grupos preponderantes. Puede seguir respondiendo como lo vino haciendo hasta ahora: exigiendo listas de personas sin cobertura social para dar la ayuda, o bien tratar de inclinar la balanza por uno de ambos sectores, según su propia conveniencia.
Si esta última fuera la alternativa elegida -que no es nueva-, ¿por quién se inclinaría el Gobierno? Veamos. Ruiz y la CCC están en Tucumán desde hace tiempo; son parte del folclore social de la provincia. El dirigente viene manteniendo tratativas con los últimos gobiernos y realizó decenas de marchas de protesta. Castells es una persona extraña a la provincia, que recientemente apareció y tomó vuelo público desde el interior. Este sector acusa a Ruiz de ser un "allegado al poder". En el MIJD están convencidos de que por eso consigue ayuda del PE.
Sea o no cierto, lo real es que la división es a nivel de cúpulas -la base está unificada por el hambre y allí no hay distingos- y que el hecho bien puede ser aprovechado por el Gobierno si es que quiere dividir para reinar, como suele ser usual desde el poder. Lo nuevo en esta trama, que esconde miles de historias de carencias, es que la disputa por espacios de poder llegó a los sectores que luchan por alimentos. En esa pelea pueden ser presa fácil del poder.







