El cambio se demora

Por Federico van Mameren

16 Diciembre 2003
En tiempos de crisis como los que se viven, el Estado se convierte en un gran Papá Noel, del que todos esperan regalos; más aún cuando llegan las Fiestas.
La tarea social comprende la asistencia de numerosos tucumanos golpeados duramente por la pobreza. Comprende la atención no sólo de la comida de todos los días, sino también temas que van desde la potabilidad del agua que se bebe hasta la recreación.
En los últimos tiempos las necesidades de una franja de la población que supera el 50 por ciento en la provincia han fomentado un clientelismo político infernal, que no aporta soluciones estructurales. Sólo sirve para que los dirigentes sientan que cumplen con su tarea y para que los beneficiarios mitiguen temporalmente sus preocupaciones. A los primeros los conforma, pero a los segundos sólo les sirve como barniz del hambre.

Dádivas
Se crea de esa manera una relación vergonzosa entre aquellos que para dar exigen cierta fidelidad de quienes reciben. Es que generan una deuda política hacia quien les aporta sus dádivas.
El gobernador José Alperovich y varios sectores independientes de la sociedad han elevado su voz en contra de este sistema que se ha instaurado, porque atenta contra la libertad de los ciudadanos creando un círculo vicioso de mucho peligro social, donde el trabajo y el esfuerzo personal aparecen como disvalores.
El que recibe los bolsones o soluciona sus problemas tirando los bolsillos de los políticos sabe que si mejora mínimamente su situación no volverá a recibir ayuda. A su vez, aquel político que logra resucitar la cultura del trabajo perderá a un cliente fundamental.
La independencia del ciudadano se ve afectada. Lo grave es que siempre es el Estado el que tiene que dar la respuesta, aunque los que sacan el rédito son los dirigentes de diferentes sectores. Por ese motivo, la reunión que tuvieron ayer los legisladores oficialistas con el gobernador y otros funcionarios provocó ciertas dudas sobre si los vientos de cambio de la política verdaderamente han llegado a la provincia. Da la sensación de que los mensajes de algunos sectores de la sociedad no hicieron mella en los dirigentes.
En el encuentro de ayer, en la Casa de Gobierno, hubo legisladores que pidieron saber exactamente en qué consistía la política social del Gobierno. Otros reclamaron participación y los más osados dejaron entrever que la llegada de las Fiestas de Fin de Año exigía que el Gobierno coparticipe los bolsones o cualquier otro tipo de ayuda. Flaco favor le estaban haciendo a la búsqueda de una transformación social.

Un no culposo
Alperovich, quien se vio beneficiado por la política de los bolsones durante los comicios, insistió en su idea de decirles basta a las dádivas. Sin embargo, sabe que puede ser rehén de la Cámara si no cumple con ciertos reclamos.
Concretamente, hubo legisladores que reclamaron participación en ese aporte que hace la Casa de Gobierno. Curiosamente, la Legislatura le entrega a cada representante del pueblo también dinero (unos $ 5.000) para gastos sociales. Pero pareciera que eso no alcanza.
Es cierto que los legisladores reciben el reclamo diario de cientos de tucumanos que van a la Cámara a estirar la mano. Pero también es real que esa situación debe ser algo que tendrían que combatir y no fomentarla para salir de la crisis.
La tarea del político de esta época de crisis no es convertirse en Papá Noel que reparte regalos. No se trata de dar, sino de sentarse a modificar las estructuras para que nadie más tenga que pedir y el clientelismo desaparezca, para que dé lugar a los liderazgos en serio.

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