16 Diciembre 2003 Seguir en 
Existen sociedades que han hecho un culto de la improvisación y de la desidia. De ese modo, los problemas básicos nunca se resuelven convenientemente y resurgen con periodicidad. Muchos de esos problemas se vuelven crónicos. Se reacciona solamente cuando se tiene la soga al cuello. Tucumán ocuparía, sin duda, un lugar destacado en esta categoría de sociedades.
Desde hace muchos años, El Mollar padece de falta de agua. Todos los años, en esta época, a pocas semanas del comienzo de la temporada veraniega, sale a la luz el problema. En lugar de trabajar durante el año en una solución integral, poco se hace al respecto y se apela -como de costumbre- a salidas transitorias.
En nuestra edición de ayer, informamos que en El Mollar el líquido es escaso y no potable. La prolongada sequía que persiste en la zona profundizó el drama, que se suscitó con la rotura del canal de la toma de Mula Corral. El precario sistema también acusa deterioros en los filtros de decantación del agua.
Según se informó, la estructura de provisión, instalada en 1973, nunca tuvo el mantenimiento adecuado y tampoco se la ajustó a la demanda, en constante crecimiento. El servicio de provisión de agua potable se encuentra a cargo de la Junta Vecinal de Agua Potable. Según uno de sus integrantes, las cañerías son de un diámetro muy reducido y no se ajustan al consumo actual.
En los últimos años, la villa veraniega experimentó un crecimiento inusitado y desordenado. El agua no sólo escasea durante el verano, sino también a lo largo del año. Por otro lado, son muy pocas las personas que pagan los $ 6 mensuales para que el mantenimiento del servicio sea posible.
Los vecinos están además preocupados porque el agua que sale de los grifos no se puede consumir, debido a que a veces es demasiado oscura o amarillenta. Los que poseen más recursos económicos, beben agua mineral. Esta situación tampoco es nueva. En octubre de 2002, Saneamiento Ambiental de la Provincia detectó déficits alarmantes en la potabilidad del agua en diversas localidades de interior de la provincia, entre ellas, El Mollar. Se señalaba entonces que esta era la principal causa de que la gente contraiga parasitosis y patologías gastrointestinales.
A la vez, estas enfermedades, cuando no son tratadas a tiempo, impactan principalmente en los niños, quienes terminan padeciendo distintos grados de desnutrición.
Desgraciadamente, El Mollar no ha tenido la misma suerte de su vecina Tafí del Valle, que cuenta con una importante hotelería, variados servicios y difusión internacional. Los gobiernos anteriores pusieron su energía en promocionar turísticamente Tafí y olvidaron a los mollaristos que están al frente, como si no fuera importante difundir el invalorable patrimonio indígena de esa zona.
Todos los veranos, El Mollar es noticia por la falta de agua, por el descontrol urbano y por la cantidad de jóvenes alcoholizados que deambulan y duermen en sus calles. Pero lo más grave no es sólo la escasez del líquido, sino también su falta de potabilidad. No se trata de un problema que debe resolver la comuna; la solución les compete a las autoridades provinciales porque atenta contra la salud de la comunidad.
No se puede seguir mirando para otro lado, especialmente cuando se dispone de organismos y de profesionales especializados que tienen la obligación de solucionar los problemas de la comunidad. Hay que terminar con las improvisaciones y trabajar con seriedad para que El Mollar pueda alcanzar la jerarquía de su hermana tafinista.
Desde hace muchos años, El Mollar padece de falta de agua. Todos los años, en esta época, a pocas semanas del comienzo de la temporada veraniega, sale a la luz el problema. En lugar de trabajar durante el año en una solución integral, poco se hace al respecto y se apela -como de costumbre- a salidas transitorias.
En nuestra edición de ayer, informamos que en El Mollar el líquido es escaso y no potable. La prolongada sequía que persiste en la zona profundizó el drama, que se suscitó con la rotura del canal de la toma de Mula Corral. El precario sistema también acusa deterioros en los filtros de decantación del agua.
Según se informó, la estructura de provisión, instalada en 1973, nunca tuvo el mantenimiento adecuado y tampoco se la ajustó a la demanda, en constante crecimiento. El servicio de provisión de agua potable se encuentra a cargo de la Junta Vecinal de Agua Potable. Según uno de sus integrantes, las cañerías son de un diámetro muy reducido y no se ajustan al consumo actual.
En los últimos años, la villa veraniega experimentó un crecimiento inusitado y desordenado. El agua no sólo escasea durante el verano, sino también a lo largo del año. Por otro lado, son muy pocas las personas que pagan los $ 6 mensuales para que el mantenimiento del servicio sea posible.
Los vecinos están además preocupados porque el agua que sale de los grifos no se puede consumir, debido a que a veces es demasiado oscura o amarillenta. Los que poseen más recursos económicos, beben agua mineral. Esta situación tampoco es nueva. En octubre de 2002, Saneamiento Ambiental de la Provincia detectó déficits alarmantes en la potabilidad del agua en diversas localidades de interior de la provincia, entre ellas, El Mollar. Se señalaba entonces que esta era la principal causa de que la gente contraiga parasitosis y patologías gastrointestinales.
A la vez, estas enfermedades, cuando no son tratadas a tiempo, impactan principalmente en los niños, quienes terminan padeciendo distintos grados de desnutrición.
Desgraciadamente, El Mollar no ha tenido la misma suerte de su vecina Tafí del Valle, que cuenta con una importante hotelería, variados servicios y difusión internacional. Los gobiernos anteriores pusieron su energía en promocionar turísticamente Tafí y olvidaron a los mollaristos que están al frente, como si no fuera importante difundir el invalorable patrimonio indígena de esa zona.
Todos los veranos, El Mollar es noticia por la falta de agua, por el descontrol urbano y por la cantidad de jóvenes alcoholizados que deambulan y duermen en sus calles. Pero lo más grave no es sólo la escasez del líquido, sino también su falta de potabilidad. No se trata de un problema que debe resolver la comuna; la solución les compete a las autoridades provinciales porque atenta contra la salud de la comunidad.
No se puede seguir mirando para otro lado, especialmente cuando se dispone de organismos y de profesionales especializados que tienen la obligación de solucionar los problemas de la comunidad. Hay que terminar con las improvisaciones y trabajar con seriedad para que El Mollar pueda alcanzar la jerarquía de su hermana tafinista.







