Vuelo suspendido

Las empresas aéreas deben tomar los recaudos necesarios para no afectar a los usuarios.

15 Diciembre 2003
El viernes último, los pasajeros que acudieron al aeropuerto Benjamín Matienzo para tomar el vuelo de las 10,55 a Buenos Aires, se encontraron con la novedad de que había sido cancelado, y que no existía previsión alguna para solucionar esa situación. Es más, los empleados de la aerolínea se negaron a dar explicaciones y abandonaron el mostrador. Como la otra empresa no aceptó el endoso de los pasajes, los viajeros debieron resignarse a no viajar.
De acuerdo con las quejas llegadas a nuestra redacción, el vuelo cancelado significó a los adquirentes de pasajes una serie de perjuicios: no solamente los obvios derivados de un viaje que se programó y que se suspende abruptamente, sino también la pérdida de las combinaciones que tenían previstas, en algunos casos para vuelos internacionales.
Nos parece que hechos como el descripto resultan totalmente inaceptables. Chocan frontalmente con los propósitos de promover el turismo que se proclaman con insistencia, y suscitan a los viajeros una serie de perjuicios que nadie les resarcirá. Las autoridades responsables deben intervenir para evitar que tales situaciones se repitan.

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