“Queríamos justicia, verdad y que pague el responsable; no hay resentimientos”

La Sala I de la Cámara Penal condenó a Rubén Camisay a seis años de prisión por el disparo que dejó parapléjico a Tomás Caride. El condenado también deberá pagarle más de dos millones de pesos a la víctima, en concepto de daños. Video.

SIN RENCOR. Luego de la sentencia, Tomás Caride salió de la sala en la que realizó el juicio; su padre (de camisa celeste) pidió un aplauso para su hijo. LA GACETA / DANIEL FERNÁNDEZ (CAPTURA DE VIDEO) SIN RENCOR. Luego de la sentencia, Tomás Caride salió de la sala en la que realizó el juicio; su padre (de camisa celeste) pidió un aplauso para su hijo. LA GACETA / DANIEL FERNÁNDEZ (CAPTURA DE VIDEO)
13 Septiembre 2014
Hasta el último minuto, Rubén Marcelo Camisay juró que jamás efectuó disparos. Sin embargo, fue condenado a seis años de prisión por ser encontrado autor voluntario y responsable del delito de lesiones gravísimas. Además, deberá pagarle más de $ 2 millones a la víctima, Tomás Caride, en concepto de daños. Los jueces de la Sala I de la Cámara Penal (Pedro Roldán Vázquez, Alfonso Zóttoli y María Elisa Molina) resolvieron el fallo por unanimidad, ayer a la tarde.

La lectura de la sentencia se desarrolló en una sala repleta, donde se oía sollozar tanto a los familiares de la víctima como del imputado. Cuando el juicio se dio por finalizado, Camisay se levantó del banquillo de acusados, dio una palmada en el hombro de Tomás, atravesó la puerta y se alejó sin hacer declaraciones. Sólo su abogado, Javier Lobo Aragón, se detuvo durante algunos segundos y advirtió que interpondrá un recurso de casación para que se revierta el fallo.

Minutos después, las puertas de la sala volvieron a abrirse, esta vez para que se retiraran la víctima y su familia. “¡Un aplauso para Tomás!”, propuso Martín Caride, su papá. De inmediato estallaron los aplausos y, con ellos, las lágrimas. Padres, tíos, amigos y compañeros de colegio abrazaron al joven, que lloraba de emoción. “Por más que le den los años que le den, nunca van a ser más de los que a mí me quedan en esta silla de ruedas”, había dicho Tomás el día que comenzó el juicio. Ayer prefirió mantenerse en silencio y regresar a su casa con la sensación de que se hizo justicia.

“Una novela”

“Fue un llanto tan familiar, que creo que fue la síntesis de un proceso de dos años y pico donde solamente queríamos justicia”, expresó Martín. Él y su esposa estaban desbordados. “Esperaba una sentencia que nos deje tranquilos y que transmita la verdad, lo único que queríamos es justicia, verdad y que pague el responsable; no hay resentimientos”, aseguró el papá de Tomás. “Queríamos saber que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para que nuestro hijo tenga justicia y esté tranquilo”, agregó el hombre.

Martín se detuvo en dos aspectos. En primer lugar, pidió que quienes tengan armas y no sepan usarlas las devuelvan. Y después se refirió a la mentira. “Esto fue un proceso largo, tedioso, que revolvió heridas y donde escuchamos muchas mentiras en gente joven, en gente que no puedo creer que a sus hijos les transmitan ‘empecemos a engañar desde ahora’. El proceso demostró que fue una novela escrita maliciosamente para perjudicar a alguien o deslindar responsabilidades. Estuvo visto que la mentira fue la nota”, afirmó Martín.

Pese a eso, obtuvieron una respuesta que los conformó. “Sabíamos que al final del proceso los jueces entenderían la situación, el fiscal (Carlos Sale) demostró cómo fueron las cosas y el abogado nuestro (Walter Ojeda) hizo los deberes que tenía que hacer”, remarcó. “A favor o en contra, era una página que se cerraba, qué suerte que se cerró de esta manera para poder seguir creyendo que se puede trabajar bien y creer en la Justicia. Esto es una luz en el camino, que aporta esperanza para los que no tienen justicia”, celebró.

Los alegatos

El fallo del tribunal encontró un equilibrio entre las penas solicitadas por la fiscalía de Cámara y la querella. Sale había solicitado una condena de cinco años de prisión. En su alegato, el fiscal reconstruyó los hechos desde que Tomás llegó a la fiesta que se realizaba en la casa de Camisay, ubicada en Santa Fe y Esquiú, el 21 de enero de 2012. “Cinco minutos después, salió afuera y vio a mucha gente que venía en motos, había un ambiente de agresividad. Tomás fue a buscar su moto para retirarse y después no recuerda más, porque un proyectil impacta en su espalda”, relató Sale. Esa bala habría sido disparada por Camisay, quien habría salido armado para intentar dispersar a la multitud que atacaba su casa con piedras y botellazos.

El fiscal también se detuvo en destacar las “mentiras” que -según él- dijeron varios testigos e indicó que el relato del imputado tenía algunas fisuras. “El señor Camisay trató de acomodar su declaración y nos mintió. Escondió el arma y obstaculizó el accionar de la Justicia”, sostuvo. Respecto a la acción de disparar, Sale indicó: “debió representarse que si accionaba el arma podía cometer un homicidio o herir a alguien”.

El querellante, por su parte, apoyó la exposición del fiscal e hizo hincapié en las lesiones sufridas por Tomás, quien al momento del hecho tenía 16 años. “Hubo un corte en la médula que provocó una parálisis de las tetillas hacia abajo”, señaló Ojeda. “Fue una acción voluntaria, guiada por el conocimiento, el señor Camisay sacó un arma comprendiendo la complejidad que esa conducta implicaba”, advirtió el abogado.

Ojeda solicitó siete años de prisión para el imputado. Además, asumiendo el rol de actor civil, reclamó el pago $ 30.000 por daño terapéutico, $ 1 millón por daño a la integridad física y otro $ 1 millón por daño a la disfuncionalidad motriz. Una vez que quede firme la sentencia, Camisay tendrá un plazo de 10 días para cancelar ese pago, según lo ordenó ayer el tribunal.

“Mi defendido jamás eludió la Justicia”, afirmó Lobo Aragón, antes de solicitar la absolución de Camisay por el beneficio de la duda. “Llamó a la Policía en reiteradas oportunidades, entre las 4.43 y las 4.47 hubo aproximadamente 10 llamados”, precisó el letrado. Y aclaró: “mi defendido no es un delincuente, es un padre y es el sostén de su familia. No tiene antecedentes penales y jamás tuvo un inconveniente penal ni contravencional”.

Cuando tuvo la oportunidad de pronunciar las últimas palabras, Camisay insistió en su inocencia. “Me siento en una situación desbordada, nunca imaginé que iba a estar pasando por algo así”, les dijo a los jueces. “Imagino la situación de la familia de Tomás y de él. Son momentos muy difíciles, estoy muy dolido”, expresó el hombre, que finalmente fue condenado. Los fundamentos del fallo se conocerán el 30 de septiembre.

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