BUENOS AIRES.- La agenda porteña de los piquetes en la víspera fue tan nutrida, que la Cámara de Diputados desistió de reunirse con su nueva composición, ante el anuncio de un gran escrache colectivo contra el ingreso de notorios dirigentes bonaerenses que reinciden en las bancas. Entre ellos, Hilda de Duhalde, el ex canciller Carlos Ruckauf y el renunciado ministro de Seguridad de la provincia, Juan José Alvarez. En la nómina del vilipendio predominaban las veteranas figuras del duhaldismo, lo cual fundamenta las sospechas de que la movilización constituía una parte de la oscura relación entre el kirchnerismo y el aparato partidario del ex presidente transitorio. Hizo bien el presidente Kirchner en marchar a la Patagonia, dejando en la insignificancia la celebración de los veinte años de democracia que, salvo la memoria de los medios, pasó sin relevancia entre los porteños, malhumorados por la decena de cortes que les entorpecieron la city. Ni siquiera la reasunción del alcalde Aníbal Ibarra quebró esa accidentada rutina, a pesar de la triple ceremonia sucesiva en la Legislatura, el Teatro General San Martín y la pasatista función del Colón.
Pararrayos
Un contexto más interesante han tenido los actos de La Plata, donde está instalado ahora el segundo pararrayos de la política nacional, pues la reasunción del gobernador Felipe Solá fue precedida por un picante reportaje -Clarín- donde solicitó que se le dé poder, reclamando una renovación de la dirigencia justicialista provincial. Con rapidez, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, con genes duhaldistas pero en transferencia al kirchnerismo, le llamó rápidamente la atención recordándole que el poder viene de quienes votan y debe ejercérselo. El ministro, quien como la virtual totalidad del Gobierno suele reprochar el uso de los medios para cuestionar en el oficialismo, sumó un grado más a la temperatura que afecta al triángulo Kirchner-Solá-Duhalde. El gobernador es consciente de que en ese mensaje de Fernández subyace una advertencia de que debe moderar su papel partidario en la provincia para no agravar las diferencias que afectan al duhaldismo en el conurbano.
Profundo desagrado ha producido en la cartera económica la decisión de la Legislatura porteña de reducir en 50 por ciento el impuesto por los ingresos brutos a los comerciantes céntricos afectados por los persistentes piquetes. Ello daría lugar a presiones para que se adopte igual decisión con los tributos federales, y que se extenderían a otros distritos del país, según se piensa en el Palacio de Hacienda. Será el alcalde Ibarra quien deba dar la solución final, vetando o no la sanción legislativa, promovida por un representante de sus filas y votada de madrugada con quórum estricto. (De nuestra Sucursal)







