Detrás de la desnutrición

La cuestión familiar también debe ser atendida por parte del gobierno.

11 Diciembre 2003
Nuestra edición de ayer trae abundante material sobre el dramático problema de la desnutrición en Tucumán, que, según estimaciones oficiales, tiene como víctimas a unos 27.000 menores a lo largo y ancho de nuestro territorio. Parte de la nota se centra en el caso de Barbarita, la más notoria de las pequeñas afectadas, y otra parte allega material para diseñar un panorama general sobre el asunto.
Surge de esto último que, en una gran cantidad de casos, el niño desnutrido se ve imposibilitado de que su situación se revierta, a pesar de la ayuda oficial, dada la ignorancia de los progenitores acerca del tipo de alimentación que necesita y de las cuestiones particulares de salud a considerar en cada cuadro. Es decir que allí se hace indispensable una acción de docencia y de vigilancia de los organismos asistenciales del Estado, sin la cual la realidad del desnutrido se mantiene, si no se agrava, más allá de que se le aporten víveres.
Por otro lado, el tema del tipo de alimento debe ser de fundamental consideración. Como lo dice una de las encargadas de un comedor, los niños no pueden consumir solamente fideos o polenta. Es básico que se les suministre una dieta con el contenido proteico necesario, que incluya carne, verduras y frutas. De otro modo no se hace sino velar el problema de fondo, que sigue existiendo con todas sus secuelas. Ha de recordarse, asimismo, que la salud está fuertemente relacionada también con los hábitos de higiene del núcleo familiar.
Todo esto está indicando, como lo señala una de las expertas entrevistadas, que no es suficiente que el Estado destine fondos a la alimentación. Es necesario que se realice simultáneamente una tarea de capacitación de los receptores de esa ayuda, a fin de que puedan utilizarla racionalmente y con el provecho debido. También debe vigilarse que, efectivamente, el alimento llegue a quienes está destinado. Bien se sabe que hay progenitores a quienes la necesidad y la ignorancia llevan a seguir alimentando con mate y fideos a un chico, mientras venden los productos comestibles que se les han entregado. Todo mecanismo de asistencia corre riesgo de desnaturalizarse tristemente si no se cuida el cumplimiento de sus distintas etapas, y en esta cuestión es preciso insistir. Por cierto que ese cuidado también debe extenderse a la eliminación de las trabas burocráticas al máximo posible, porque se trata precisamente de emergencias. El padre de la desnutrida Barbarita denunciaba la dificultad para obtener los análisis clínicos que requería su hija, porque la obra social le exigía dinero -que no tiene- y otros requisitos de papelería que una adecuada sistematización del asunto tendría que eliminar.En nuestra nota se toca también, como tema clave, la necesidad de reconstruir el hábito del trabajo, que es "el factor de organización social más importante". No puede discutirse la conveniencia de la ayuda oficial que busque "apagar el fuego", en la primera instancia de estas situaciones de tanto dramatismo. Pero no debe perderse de vista la urgencia prioritaria que dar a cada familia la posibilidad de que, en un futuro cercano, se mantenga con el trabajo de sus miembros. La promoción de emprendimientos productivos viene a resultar, así, de enorme trascendencia para que el problema pueda desembocar paulatinamente en una solución racional.
Creemos que estas cuestiones están en la raíz de la realidad de los desnutridos tucumanos. Por lo tanto, corresponde que el Estado las tenga muy en cuenta a la hora de rediseñar su política, cosa que será altamente conveniente. El sistema vigente tiene fallas que deben ser corregidas de inmediato, a la luz de la experiencia. Se evitará así que se malogren los resultados tenidos en mira y se dará eficacia social al aporte del Gobierno.

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