09 Diciembre 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Hoy debió haber finalizado el mandato presidencial de Fernando de la Rúa, pero la ciclotimia política que afectó a nuestro proceso democrático requirió para completar ese periodo constitucional dos presidentes transitorios y que Néstor Kirchner, elegido mediante las urnas en comicios incompletos, anticipara la gestión, a la que se agregarán sus cuatro años de mandato a partir de mañana. Éste último fue también el caso de Carlos Menem, por retiro anticipado de Raúl Alfonsín. Nunca un lapso constitucional fue tan prolongado en nuestro país desde la sanción de la Ley Saénz Peña, pero tampoco tan parcheado por causa de la insolvencia política, como el que se celebra. El festejo, sin embargo, está cargado de interrogantes contradictorios: por un lado se aplauden dos décadas inéditas de convicción democrática de la ciudadanía y, por el otro, se especula con las dificultades que el presidente Kirchner debe superar en su propio partido para consolidar su gestión, en ningún momento amenazada por la oposición, nunca tan debilitada durante estos veinte años como en la actualidad. Todo ello constituye la gran paradoja que presenta actualmente la Argentina ante el mundo.
Factores regresivos
Una variedad de encuestas sobre tan contradictoria realidad y que desde hace años acompañaron su evolución, evidencia que los factores más regresivos de nuestra experiencia democrática, han sido los partidos políticos, los sindicatos y las corporaciones empresarias; es decir, la clase dirigente del país, sin perjuicio de excepciones honrosas aunque sin poder suficiente para asumir representaciones genuinas de la sociedad. Tal situación se evidenciará nuevamente en el Congreso con la continuidad de un alto porcentaje de legisladores notoriamente comprometidos con la crisis. El gobierno central, por lo demás, aparece cercado por el confuso conflicto de las relaciones con el distrito más poderoso del país, identificadas de manera absoluta con la interna del partido justicialista, que ha terminado por monopolizar el debate entre oficialismo y oposición. Un debate paralizante de soluciones para problemas tales como el de la inseguridad y la caótica protesta de organizaciones irregulares, legítima en sus causas pero no en los métodos. Kirchner ha dicho que no abrirá la canilla de la sangre, pero teme que otros lo hagan.
Un gesto acertado
La sorpresiva visita sabatina del Presidente a la confitería sospechosamente asaltada en el barrio porteño de Villa Urquiza y su diálogo abierto con la gente, fue un gesto acertado para descomprimir la psicosis de inseguridad. Mas, por otra parte, estimuló las miradas de reojo conque se cruzan funcionarios, policías y jueces en la búsqueda de conspiraciones supuestamente destinadas a golpear al Gobierno. Los legisladores han procurado mantenerse alejados de todo eso, pero no podrán eludirlo cuando a partir de los próximos días comiencen a llegar iniciativas del Poder Ejecutivo que están trascendiendo ya y preocupan a los llamados sectores garantistas, entre los que hasta hace poco se contaba el propio Kirchner. (De nuestra Sucursal)
Factores regresivos
Una variedad de encuestas sobre tan contradictoria realidad y que desde hace años acompañaron su evolución, evidencia que los factores más regresivos de nuestra experiencia democrática, han sido los partidos políticos, los sindicatos y las corporaciones empresarias; es decir, la clase dirigente del país, sin perjuicio de excepciones honrosas aunque sin poder suficiente para asumir representaciones genuinas de la sociedad. Tal situación se evidenciará nuevamente en el Congreso con la continuidad de un alto porcentaje de legisladores notoriamente comprometidos con la crisis. El gobierno central, por lo demás, aparece cercado por el confuso conflicto de las relaciones con el distrito más poderoso del país, identificadas de manera absoluta con la interna del partido justicialista, que ha terminado por monopolizar el debate entre oficialismo y oposición. Un debate paralizante de soluciones para problemas tales como el de la inseguridad y la caótica protesta de organizaciones irregulares, legítima en sus causas pero no en los métodos. Kirchner ha dicho que no abrirá la canilla de la sangre, pero teme que otros lo hagan.
Un gesto acertado
La sorpresiva visita sabatina del Presidente a la confitería sospechosamente asaltada en el barrio porteño de Villa Urquiza y su diálogo abierto con la gente, fue un gesto acertado para descomprimir la psicosis de inseguridad. Mas, por otra parte, estimuló las miradas de reojo conque se cruzan funcionarios, policías y jueces en la búsqueda de conspiraciones supuestamente destinadas a golpear al Gobierno. Los legisladores han procurado mantenerse alejados de todo eso, pero no podrán eludirlo cuando a partir de los próximos días comiencen a llegar iniciativas del Poder Ejecutivo que están trascendiendo ya y preocupan a los llamados sectores garantistas, entre los que hasta hace poco se contaba el propio Kirchner. (De nuestra Sucursal)







