Precauciones en las Fiestas

Las concentraciones masivas de público en tren de compras suelen convocar de inmediato la acción de los malvivientes

09 Diciembre 2003
En muy pocos días más, todo el centro de nuestra ciudad adquirirá el ritmo característico que es previo a la fiesta de Navidad. Hablamos de calles colmadas por transeúntes de toda edad, que recorren los comercios con el propósito de adquirir regalos. Hablamos de negocios consecuentemente abarrotados de público. Hablamos de un exponencial crecimiento de la venta ambulante, ya que es sabido que en las Fiestas, la Municipalidad lleva hasta el límite su indiferencia por la colocación de mesones o de mercaderías sobre veredas y calzadas. Hablamos de intensos congestionamientos en el tránsito, por obra de taxis y remises, de autos particulares, de mensajeros en motocicleta. Todo esto, sin duda, en el marco de las elevadas temperaturas que caracterizan a Tucumán en la presente época del año.
Y también debemos recordar, lamentablemente, que el referido movimiento tiene su inevitable costado oscuro. En efecto, las concentraciones masivas de público en tren de compras suelen convocar de inmediato la acción de los malvivientes. Así, arrebatadores, mecheras, descuidistas, carteristas y, en fin, toda la triste fauna del delito, se da cita en esas ocasiones para desarrollar sus actividades en perjuicio del público, con el cual se mezclan a la espera de la ocasión propicia. Esto sin olvidar a los asaltantes de domicilios, a quienes la fiesta navideña ofrece más de una jugosa oportunidad para operar.
Lo que decimos hace oportuno sostener que las autoridades deben prever, con la anticipación debida, la adecuada prevención de todo ese género de situaciones. Estas se han dado siempre, y nada hace pensar que en esta oportunidad no ocurra lo mismo, inclusive considerablemente aumentado, si pensamos que el delito ha experimentado un fuerte crecimiento, por una serie de razones que sería largo desarrollar en esta ocasión. Corresponde entonces diseñar un sistema dirigido a tener el más ajustado control de lo que ocurre en las calles durante estos días en que circula tanto público, como manera de evitar que este termine envuelto en situaciones peligrosas, o que sufra injustos daños en su persona o en su propiedad.
Esto demanda, en primer lugar, un sustancial aumento del personal uniformado, distribuido estratégicamente en todos los puntos del centro. La sola presencia de los policías tiene un poderoso efecto disuasivo, además de la posibilidad de intervención inmediata en los casos en que la misma sea requerida. Ese personal tiene que estar dotado, por cierto, de todos los medios de comunicación y movilidad adecuados para operar de modo rápido y eficaz frente a cualquier contingencia.
Debe recordarse asimismo que la actividad comercial dura prácticamente todo el día, sacando el breve intervalo entre las 2 y las 5 de la tarde; de manera que deben preverse los turnos necesarios para que la cobertura se brinde en forma ininterrumpida durante toda la jornada. No está de más recordar que, aparte de preverse los robos y asaltos, en estos días debe existir un especial cuidado en lo que se refiere al control del consumo de bebidas alcohólicas, y a la venta y al uso de los artículos pirotécnicos. Son rubros que, según enseña una dilatada experiencia, pueden generar situaciones serias de peligro.
Se trata, en última instancia, de que quienes aspiran a adquirir obsequios para la familiar celebración de la Navidad, no sean perturbados en esa gestión que vuelca en las calles céntricas a muchos miles de personas durante las semanas finales del mes de diciembre. Pensamos que un adecuado mecanismo de prevención por parte de la Policía será la mejor manera de que, en estos días, se conserve el clima de convivencia que debe caracterizar a la víspera de las Fiestas.

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