BUENOS AIRES.- Es evidente que la marcha de la economía superó las previsiones; llega a fin de año robusta y sorprendió incluso al propio FMI.
Una prueba se puede encontrar en el pensamiento adaptativo de economistas y de comunicadores líderes, sobre todo aquellos adictos al menemismo y al lopezmurphismo, incluyendo al propio Ricardo López Murphy, quienes en los primeros meses de esta gestión se habían opuesto a todo lo que huela a kirchnerismo y lavagnismo, y ahora están reprogra- mando cuidadosamente su argumentación.
Otra prueba de que las cosas le van bien está dada por el esfuerzo del jefe de Estado para deshacerse de gestos y frases airadas, y conciliar distintos factores, como por ejemplo, la convocatoria de urgencia a la Casa Rosada al presidente de la Unión Industrial Argentina, Alberto Alvarez Gaiani. Esta reunión se produjo en momentos en que se rumoreaba una ruptura en la UIA porque los núcleos internos más industrialistas, que quieren una estructura fabril integrada y con neto contenido nacional, no bancaban la actual estructura de poder dentro de la central fabril, dominada por las grandes industrias terminales que no desdeñan el abastecerse de partes importadas o traer bienes de capital usados si les resulta conveniente.
Los disconformes estaban mucho más cerca del criterio del Gobierno, pero revelaron ser demasiado débiles todavía para luchar por la conducción de la entidad, pulseada que se pospuso para marzo de 2004.
En tanto, el Gobierno y los popes fabriles tuvieron una aproximación amena en la reunión de Pilar. Allí, el hecho de que la marcha de la economía es razonable se vio también porque el principal eje del debate se desplazó a la inseguridad y al piqueterismo, los cuales, según los hombres de negocios, son factores que condicionan la inversión. El titular de Infraestructura, Julio de Vido, no lo vio así y disiente, sosteniendo que primero viene la producción y después el atemperamiento de las tensiones sociales.
Moderador
El esfuerzo de conciliar y moderar se vio también en la desautorización de una propuesta de reforma de la seguridad social, que hubiese entregado al Estado dos tercios de los aportes que hoy van a las AFJP, a cambio de una teórica garantía de dudoso valor.
Al respecto, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, dijo que sólo se trataba de una alternativa entre decenas de propuestas, pero en realidad era la opción preferida hasta que se palpó la reacción desfavorable de las propias AFJP y de sus afiliados.Difícilmente podrá cumplirse la palabra de entregar un proyecto definitivo de reforma previsional antes de fin de año, porque hay muchos intereses legítimos a confrontar y a defender.
Por un lado, está el Estado, que necesita fondos para pagar las actuales y futuras jubilaciones de reparto y que se enfrenta con la presión de las provincias, ansiosas de recuperar porciones de coparticipación y aportes específicos sustraídos de otros impuestos en la década del 90, a fin de poder pagar las jubilaciones.
¿Nueva frustración?
Ese factor, si no se corrige, puede frustrar nuevamente el debate sobre un futuro régimen definitivo de Coparticipación Federal de Impuestos en 2004.
Pero también hay que tener en cuenta el interés de los futuros jubilados privados, hoy aportantes al sistema de las AFJP, en medio de la incertidumbre sobre la cuantía de las futuras jubilaciones, que ya fueron serruchadas en 2001 por el "decreto Cavallo", que las obligó a absorber como una esponja títulos públicos que entraron en default.
Y, como si esto fuera poco, está el interés social de acercar a la masa de indocumentados, informales e infraaportantes, que son los dos tercios de la masa laboral, no sólo a nivel de trabajadores sino también de cuentapropistas y pequeños patrones.
De ahí que la reciente reforma al monotributo ha tenido el objetivo principal de intentar seducir a los no registrados dándoles toda clase de facilidades, como por ejemplo, la creación del contribuyente eventual que sólo paga cuando tiene ingresos, y un amplio plan de facilidades para monotributistas con deudas.
Sin embargo, se descartó la idea de una moratoria impositiva más importante, porque en los últimos días resurgió la necesidad de implementar algún plan más amplio que el actual régimen de asistencia financiera. (DyN)







