Economía. Política. Sociedad. Esos términos encarnan los frentes básicos que toda administración pública debe enfrentar. El fin de año encuentra a la gestión de José Alperovich peleando con intensidad, suerte y estrategias distintas cada brecha. "Tenemos garantizado el pago de los sueldos para todo 2004", afirma el mandatario para sintetizar que tiene un pronóstico inmejorable para los 12 meses por venir. El Plan de Financiamiento Ordenado ya refrendado con la Nación cubrirá los servicios de la deuda pública, cuyo capital habrá que pagar a partir de 2005. A eso se suma un superávit de más de $ 70 millones, según el proyecto de presupuesto 2004.
El flanco político presenta al gobernador con un movimiento inesperado. Los delegados comunales acaban de recibir los fondos para el pago de salarios y, sorpresivamente, un extra para encarar algunos trabajos en sus poblaciones. Un hecho casi inédito, al menos durante la gestión anterior. Incluso cuando Alperovich era ministro.
La incursión no es menor. El mandatario avanza en la conquista de territorios políticos peronistas. En la intimidad, el jefe del PE suele decir que su preocupación por el futuro de la presidencia de Néstor Kirchner no apunta a los inconvenientes económicos que puedan surgir, sino a los encontronazos que el patagónico pueda tener con el propio PJ. Por lo visto, comenzó a trabajar para conjurar en el plano local esos mismos fantasmas.
Justamente, a Alperovich le marcaron como un yerro político el haberse preservado en el primer semestre de la interna peronista. Por ello, buena parte de los ediles, comisionados rurales, intendentes y -especialmente- legisladores del PJ asumieron sin sentimiento de pertenencia al nuevo mandatario. El acercamiento a los delegados comunales es un principio de enmienda.
Círculo virtuoso
El tercer frente, el de generar un amplio consenso popular, se presenta como el más complejo. Aparecen aquí tres grandes ejes. El primero es la cuestión social. La desnutrición sigue hospitalizando criaturas. Son más los tucumanos que viven por debajo que por encima de la línea de pobreza. El desempleo no se toma vacaciones y los mecanismos estatales de contención están desvencijados. Este Gobierno hereda la situación. Pero en idéntica proporción, Alperovich fue un actor clave de la pasada gestión.
El segundo punto es la reinstalación de la ley para ordenar una vida social. Retrospectivamente, la cuestión apunta a la investigación de la gestión del mirandismo -la más denunciada y sospechada que se recuerde- y el castigo a los responsables de posibles ilícitos. Prospectivamente, el enfrentamiento del gobernador con la Nueva Bolsa de Comercio SA (tuvo con ella una excelente relación durante su campaña electoral) por la percepción de tributos de la Municipalidad de la capital, es una luz de alerta. La amenaza de investigar a los grandes contribuyentes que paguen en esa institución sus obligaciones es, cuanto menos, incoherente. El gobernador parece estar diciendo que a quienes paguen donde él dice, no se los indagará. Si tiene sospechas, debe actuar sin distingos. La conjugación de esos dos ejes habilitará al tercero: la relación de la gente con el Estado. La cuestión trasciende la aceptación que puede tener el ajuste de la valuación fiscal de autos y propiedades, que derivará en una suba de impuestos.
Uno de los gestos que la sociedad espera es la reforma política. El achique del gasto, una nueva ley electoral, la transparencia del financiamiento de la política, la discusión sobre los organismos de control, el debate sobre la gestión del Estado. La cuestión refiere a un círculo virtuoso. Definir una agenda de acción política supone ganadores y perdedores, más presión y mayor sensibilidad en ciertos sectores. Pero también implica apoyo popular para concretar la tarea. La opción es del Gobierno.







